14 sept. 2009

Calcetín

Calcetín era eso, un calcetín, de la talla cero y el izquierdo para ser más exactos.
Cierto día despertó en el suelo, solo. Su hermano había desaparecido. Intentó recordar algo del día anterior.
Había sido un día agotador de verano. Después de todo el día de acá para allá con todo el calor, mamá con su olor a vainilla, desnudó al bebé en el cambiador y dejó la ropa sobre un barreño. Si, sobre, por que estaba lleno.
Ya entrada la noche, cuando llegó papá con su olor a madera y a dulce, recogió el barreño, y fue en ese momento, cuando Calcetín se separó de su hermano cayendo al suelo.
Se entristeció mucho y perdido en la inmensidad del dormitorio de papá y mamá que olía a frambuesa, rompió a llorar.
Una voz femenina dijo:
-¿Por qué lloras pequeño?- Calcetín entre sollozos respondió.
-he perdido a mi hermanito y estoy aquí solo.
-no estas solo Calcetín, mira sobre la mesita de papá. Estoy aquí, ¿me ves?, Pues mis hermanas están, una en el techo y la otra en la mesita de mamá, al otro lado de la cama.
-¿podéis ayudarme a encontrar a mi hermanito?
-lo sentimos Calcetín, pero no podemos movernos.- dijo la almohada.
Un zapato marrón, algo desgastado y que olía a piel, asomó por debajo de la cama, y tosiendo por culta del polvo, dijo a nuestro amigo:
-Podemos animarte muchacho, venga, si te esfuerzas un poco seguro que puedes.
-Pero soy muy pequeñito ¿qué puedo hacer yo?- En ese momento se empezó a escuchar el sonido de las pisadas de mamá que olía a vainilla, y todos permanecieron inmóviles y callados.
-¡vaya!- Exclamó mamá- a ti te andaba yo buscando- y recogió a Calcetín del suelo.
Cuando se levantaba, la colcha de la cama se le enganchó en el brazo, al moverla, dejó al descubierto otro calcetín, este de color negro y que no olía a nada por que estaba muy lejos. Y mientras mamá abría la puerta del armario este le dijo...
-si encuentras a mi hermano ahí dentro dile que estoy bien, algo sucio pero bien.- Entonces mamá colocó a Calcetín en un cajón del armario, donde dejaba todas aquellas prendas que tenía que reparar o encontrar la pareja.
Calcetín estaba asustado ante tanta oscuridad. Ni en las noches más largas de invierno se había visto sin luz. De pronto una voz fuerte y poderosa dijo...
-no te asustes pequeño, en cuanto mamá se vaya encenderé la luz.- Era el armario que olía a lavanda y trataba de tranquilizar a Calcetín.
Poco después este abrió un poco la puerta y un haz de luz entró iluminando el cajón.
Pudo ver entonces que no era el único, y que había prendas que estaban peores.
Unas medias por ejemplo, tenían un agujero en el dedo gordo del pié tan grande, que era imposible ser reparada. Pero para que mamá no las tirase a la basura, todas las demás prendas se colocaban sobre ella cuando abría la puerta y así no la podía ver.
Calcetín se animó pues entendió que cuando hay alguien a tu lado, las cargas más pesadas, se llevan mejor.
Apareció un calcetín de color negro. Era de la talla cuarenta y dos, y este olía a talco.
-Perdona hijo, ¿has visto a mi hermano por casualidad?- preguntó
-Si, lo he visto, y me ha pedido que te diga que está bien.
-¿Puedes decirme donde está?
-Al final de la cama, entre el colchón y el somier.- El calcetín negro se puso recto y dio un salto de alegría.- ¡Yujuuu!- gritó.- Gracias chaval me has ayudado mucho, ¡eh chicos! Voy a buscar a mi hermano, Calcetín me ha indicado donde encontrarle.- Todos incluido el armario de despidieron de él deseándole lo mejor y este se dejó caer del cajón y salió al exterior por la abertura que había dejado el armario.
Calcetín entonces y después de haber celebrado con todos el reencuentro de los
calcetines negros, empezó de nuevo a sentirse mal y a entristecerse. Aparecieron
entonces unos pequeños botones que pertenecían a una blusa roja que olía a fresa y que mamá había olvidado en el trastero hacía tiempo. Estos se colocaron junto a calcetín y le dijeron:
-no tienes que ponerte triste Calcetín, hoy has hecho algo genial, has ayudado a otros a sentirse bien, solo por eso ya verás como sucede algo que te alegrará a ti también.-
Calcetín no supo que decir. Entonces, la oscuridad se hizo de nuevo y el armario avisó de que venía mamá. Todos se colocaron sobre las medias para que ella no las viera, pero en cuanto el armario sintió que mamá quería no abrir, si no sacar el cajón al exterior, apremió a todos a empujar a las medias a la parte de atrás, donde esta se descolgó y quedó protegida durante muchos años en la parte más recóndita del armario.
Mamá dejó el cajón sobre la cama, se sentó a su lado, y mientras cantaba una bonita canción fue colocando todas las prendas por montones.
Los calcetines desparejados con su pareja y en su correspondiente cajón, las prendas rotas las fue cosiendo con mucha paciencia, y a los botones, los guardó en una cajita de plástico junto a los alfileres.
Aquella noche todos durmieron felices en su lugar de descanso y Calcetín se alegraba de haber encontrado tan buenos amigos.

Pues esta es la historia de Calcetín, el izquierdo de talla cero que poco después de esta aventura viajó a otra casa donde otro bebé había nacido y había alegrado la casa con su olor a eso, a bebé.

FIN

2 comentarios:

  1. Que chulo Dani, me recuerda a un cuento que yo le contaba a mi hermana mayor, también era sobre una prenda de vestir, un jersey, aunque nunca lo pasé a papel, lo iba inventando sobre la marcha, y a ella le encantaba.

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  2. Pues ya tardas en ponerte al teclado. Que queremos disfrutar de esa historia. Esta idea es original de mi mujer. De hecho,pensaba que solo había escrito la primera frase y el otro día encontré un original casi temrinado de la historia. Pero salvo en la primera frase, el resto es original.

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