30 ene. 2011

En mi mundo Parte 2

Segunda parte de esta historia, que como dije aparentemente no tiene fin. Esta parte es un poco un homenaje al cine y a recuerdos de mi infancia. Espero que os guste.

En mi mundo, hay un reloj de arena gigante que no se mueve. También hay un reloj solar en la fachada de una masía. Pero siempre indica la misma hora. A veces, subo a una montaña, para ver de lejos una granja de animales y escuchar sus sonidos. Me veo de pequeño correteando por el lugar, hasta caer agotado. Y hago que en mis manos aparezcan aviones de papel que lanzo y nunca caen.
Y corro tras las gallinas, asustándolas. Y hago que aparezca mi abuela y me riña, porque siempre es bonito recordar a tus antepasados y sus consejos. Y me siento junto a mi abuelo en el huerto y él me explica algo sobre una hormiga y una cigarra.
Y me pongo tan contento que de un salto me planto en el espacio, y salto entre los asteroides del cinturón de Saturno. Y cuando ya he dado varias vueltas, regreso a mi mundo.
Y en mi mundo salto dentro del reloj de arena gigante y planto dentro tres pirámides colosales. Y hago que broten del suelo miles de personas vestidas de blanco que entran en los inmensos patios de un palacio que ha salido de mi mente con un chasquido. Y cuando terminan de colocarse en sus respectivos lugares, entonan una canción en un idioma que no conozco. Las poderosas voces de los hombres quedan suavizadas por las dulces tonadas de las mujeres.
Y cuando termina la función, salgo del reloj de arena. Y todo aquello cuanto he creado allí dentro, desaparece.
Y en mi mundo, flotan por el cielo esferas de anillos concéntricos que dan vueltas sobre su eje. Y cuando pasan sobre mí, se desintegran, porque saben que no deben estar allí. Que son malos recuerdos que quedan escondidos y se cuelan de vez en cuando.
En mi mundo, he visto un patito hablar, y explicar a sus hermanos cisnes, en qué consistía el programa de protección de testigos para patos, y hablarles de la torpeza del agente judicial que le asignó a esa familia. Y he visto al lobo feroz, quejarse al cazador por maltrato animal.
En mi mundo, a estas cosas se las llama “lacasitos de los rojos”.
En mi mundo no hay héroes. Y a estos nadie les ovaciona. Ni se les entonan baladas, ni se escribe sobre ellos.
En mi mundo las casas a veces son setas, y otras rascacielos. He vivido en castillos, mansiones, chabolas, cabañas, puentes. Sobre ellos y bajo ellos. En barcos y naves estelares. En buses y furgonetas. En cuevas y hasta en un piso de ochenta y cinco metros cuadrados, todo exterior, orientado al sur y con las mejores vistas.
En mi mundo he sacado al monstruo de debajo de la cama, lo he sentado en el sofá, y hablando con él, le he sacado grandes problemas de autoestima, que le hacían comportarse de la manera en que lo hacía.
En mi mundo, he charlado con las abejas, y hemos llegado a un trato comercial justo. Ellas no me aplastan si yo no les pico.
En mi mundo, los monos escriben poesía. Los gorilas la recitan. Y si. Hay perros verdes.
En mi mundo, Rambo era un diplomático que solucionó la guerra del Vietnam, tomándose unas cañas en un bar. Y siempre regresaba a casa.
En mi mundo hay diluvios musicales, y preludios universales. Todos los días dos pases en sesión continua. Y un conejo grande vestido con un chaleco rojo que recoge las entradas.
En mi mundo, miraba las estrellas como siempre y jugaba de nuevo con ellas. De pronto una empezó a moverse sin mi permiso y cuando le ordené que regresara a su sitio, todas las demás me dijeron que no era una de ellas. Resultó que era un tipo grande y barbudo montado en una moto, que aterrizaba en una zona residencial para dejar un recado. Creo que era el repartidor de bebés.
Pasé de ello, y continué con mi vida en mi mundo.
En mi mundo, si yo quiero, puede haber, elfos, duendes y princesas en apuros. Y todos se llaman Jack.
En mi mundo, hay unos tipos muy divertidos que hablan raro y son bajitos y peludos. Viven en las copas de los árboles. Si un día te traigo a mi mundo… a estos, en el bosque los encontrarás.
En mi mundo, lleno mi casa de gente extraña, y yo me hago diminuto. Y correteo por dentro de las paredes esquivando cables y clavos. Y encuentro monedas gigantes en los cañones que forman los cojines del sofá. Y crezco de nuevo antes de que tía Mili me aplaste con su enorme trasero de tamaño industrial.
Y al atardecer, desconecto y todos los seres vivos salvo las plantas y los animales desaparecen dejando una estela de polvo de hadas.
Y hago que aparezca el Big Ben y toda la ciudad de Londres iluminada de noche. Y hago que las luces se enciendan y apaguen al son de cinco notas. Y cuando ha sonado todo, se aparece una nave espacial y repite la melodía. Les ha gustado. Hemos quedado para tomar unas cervezas la semana que viene. Pero en su mundo no en el mío. Que luego beben más de la cuenta y me lo ponen todo perdido.
En mi mundo, me he encontrado con un oso panda, que me ha dado la brasa con no se que de la meditación y el vencer al enemigo. Le he dicho que en mi mundo no hay ni guerras ni enemistades. Y se ha puesto a tocar la batería.
En mi mundo he salido de la habitación de la locura, y he cerrado con llave. Mañana quizás abra otra habitación. O quizás me vaya a dormir pronto para ir a navegar.

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