19 mar. 2011

En mi mundo Parte 5

Ilustración de Naara Riveiro

En mi mundo, a veces, mi subconsciente, me juega malas pasadas.

Y hoy al abrir los ojos, flotaba en el aire y estaba rodeado de blanco. Todo era blanco como cuando te rodea la niebla. Y he querido ponerme en pié, pero lo único que he podido hacer es ponerme horizontal. Y mis pies no tocaban el suelo, porque no había de eso. Y me intentaba mover, y aunque lo hacía, no parecía que me moviese. Hasta que una de las veces en las que me he estirado, mi dedo gordo ha rozado algo húmedo. Y he bajado y mis pies se han podido apoyar en una superficie dura, pero cubierta de agua. Pero no se veía nada, porque esta agua reflejaba el blanco que la rodeaba. Y he caminado sobre el agua hasta llegar a una especie de cortina como de seda. Y al apartarla, he visto un hermoso lugar. Era verde, lleno de hojas y árboles. Y había un banco de piedra junto a una fuente de la que salía agua de color purpura. Y allí estabas tú.

Y me has dicho que tenías miedo, y te he abrazado, para demostrarte que no hay que temer en mi mundo. Me has sonreído, y me has dicho que cuando no estoy, te sientes sola. Y te he acariciado la cara. Y al querer abrazarte de nuevo, te has convertido en motita de luz brillante. Mi hada particular. Revoloteando de aquí para allá. Dando vida al lugar donde nos encontramos.

Y no sé por qué mis pies han querido moverse. Y he caminado kilómetros, a lo largo de un bosque tranquilo. Y como en los dibujos animados, los animalillos del bosque han venido a verme, y yo me he sentado con ellos y les he explicado cosas maravillosas de ti. Que la vida sin ti no es vida. Que tú eres uno de los motores de la maquinaria que mueve mi mundo. Y que te quiero.

Y estando en mi mundo, se me ha acercado una persona, y me ha preguntado que si yo era Dios. Y le he dicho que evidentemente no. Que mi mundo está en mi cabeza. Que yo hago y deshago, pero para ello, antes me han tenido que crear a mí. Que no tengo poder alguno, salvo en mi imaginación. Que todo lo que él estaba viviendo era irreal. Y conforme con la explicación, se ha dado la vuelta y se ha marchado.

Y en mi mundo una vez más, lo absurdo se hace real. Aunque en la vida real, se den más situaciones absurdas que en la fantasía. Y nos hemos encontrado de nuevo. Y hemos paseado por campos dorados. Y las gramíneas nos hacían cosquillas en los brazos. Y nos hemos reído mucho.

Al caer la noche, nos hemos despedido con un “hasta mañana” sin saber si mañana nos veríamos, pero guardando esa incertidumbre juvenil, que hace que las facturas telefónicas asciendan sobremanera en el mundo real, cuando dos jóvenes se invitan mutuamente a colgar el aparato primero.

Y me he acurrucado en mi cama. Y me he tapado con una colcha hasta los ojos deseando que acabase la noche, para salir a pasear contigo de nuevo. Pero a eso de la madrugada, no podía dormir, he encendido una vela, pues en mi mundo no hay electricidad. Me he sentado ante el escritorio y pluma en mano, he compuesto una melodía increíble. Y mientras escribía, la casa se tornaba translúcida. Y sobre mí, aparecían las estrellas y la luna y el cielo azul marino. Y durante unas horas, la única imagen que podía verse en mi mundo, era a mí en un simple escritorio de madera, apenas bien iluminado por una vela, la luna y las estrellas. Y así ha pasado la noche. Con la luna describiendo una curva perfecta sobre mi mundo, hasta que se ha puesto en el horizonte. Y apenas unos minutos más tarde, el amanecer.

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