22 abr. 2011

Otra de Zombis

El ejército americano experimentó con jóvenes soldados para crear un ejército de súper hombres. Algo así como lo que hicieron con el Capitán América.

Pero el experimento les salió rana, y en lugar de un ejército de súper hombres, cosecharon una horda de zombis. Allí no tuvieron mucho problema. Eran soldados, ya de por sí tontos del culo. Nadie en su sano juicio se ofrecería voluntario para un experimento de la Marina de los Estado Unidos, a no ser que no hayas visto las suficientes películas sobre el tema, o que seas un súper patriota de las narices. Cosa que ya de por sí, ya indica que eres medio zombi.

El tema es que tuvieron su plaga. Su acción. Su lanzamiento de todo tipo de balísticos sobre la población siempre por el bien de la seguridad nacional. Su detonación de elementos nucleares aquí y allá. Por lo general en algún desierto, o en las extensas praderas de algún estado lleno de praderas. Con el rollo este nuevo de las infecciones y con nuestra política de libre acceso al país. Se nos coló uno por el aeropuerto de Barcelona. Nos generó ciertos problemas de infección que erradicamos en un par de días y en el desierto de los Monegros. Afortunadamente, todos los infectados eran chavales de estos que piensan que su coche es igualito que el de A todo gas, escuchan Tecno Trance y tienen un nivel cultural que no encaja con las necesidades de la sociedad. A todo eso le juntas que nosotros también queríamos hacer explotar algo nuclear, y ya tienes la solución. Abres una nueva discoteca en un desierto y el resto cae solo.

Pero nos quedamos con ganas de más. No podíamos tolerar que Estados Unidos fuesen siempre el centro de atención del universo. Bueno. Si podíamos, pero cuando sus temas tipo. Huy, mira una invasión alienígena. Huy mira un magnate de las comunicaciones con un láser. Huy mira un antiguo miembro de la CIA que ahora es un dictador de Oriente Medio. Huy mira unos zombis. Huy mira hemos perdido cuatro misiles nucleares. Huy mira a nuestro súper ordenador se le ha ido la olla y se ha montado su pequeño reino del terror. Huy mira. Bueno vamos a dejarlo. ¿Por dónde iba? Ah si.

Cuando sus problemas nos afectaron, tuvimos que actuar. Decidimos realizar el mismo experimento que hicieron ellos. Pero en lugar de utilizar soldados, clonamos veinte veces a la Colla castellera del Xiquets de Valls. Se iban a enterar estos yankees. Es fácil escapar de un zombi cualquiera, que solo sabe andar despacio y aporrear puertas. No lo es tanto, si el zombi sabe trepar y montar un 6 de 10 con forro, manillas, alerones y spoilers delanteros. Pero eso no fue todo. Una técnica muy americana que se usa en los países de Oriente Medio, es la de hacer pasear coches con altavoces potentes y música de Rock duro por las calles, para mermar el ánimo de los denominados insurgentes y de paso también un poco el de la población civil. Copiando esta técnica, un equipo de científicos asesorados por César Millán, adiestró a un grupo de Grallers zombis (Los no Catalanes usad la Viquipèdia que allí pone lo que es un Graller) para que aprendieran a tocar una antología de los temas más duros del heavy metal finlandés. Y otra con los grandes éxitos de Luis Cobos y Manolo Escobar tocados en gralla.

La operación fue todo un éxito. Aunque se nos fue de las manos. Lo que pretendía ser una broma, para que vieran lo mal que sienta que te manden un zombi que merme la población de tu país. Por mucho que esa población fuera prescindible. Terminó siendo el final de los Estados Unidos. Ahora mandamos nosotros. Que tampoco queríamos que nos dieran el poder mundial, pero ya se sabe. Terminas con la primera potencia del planeta, y quieras que no, los vecinos se enteran y cogen miedo. Pues esta es la historia de cómo una pequeña broma se te puede ir de madre.

Moraleja. Nunca bajo ningún concepto hagáis experimentos con el ser humano. Y nunca bajo ningún concepto saltéis de un barco cuando está poniendo en marcha un sistema de invisibilidad basado en la Teoría de campo unificado de Einstein.

3 comentarios:

  1. Historia pop que se disfruta. Le das un tono distendido y humorístico pero por ahí debajo están las ácidas críticas a todo este embrollo del poder geopolítico.

    Ahhhhh, el experimento filadelfia!!! Creí que había muerto (o por lo menos se había jubilado)

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  2. Muchas gracias. La verdad no es que critique nada político. Soy más bien neutral. Pero soy realista. Y por otro lado me encanta el humor referencial. Si soy un friki y el experimento filadelfia está muy vivo jejeje. Alias Proyecto Rainbow... Un saludo y gracias por leerme.

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  3. cordial saludo Arthur.
    Te envíoo a ti y a los seguidores del blog " EL COLECCIONISTA DE NADAS" relato con el que participé en BESO DE RECHENNA.
    Haciendo un comentario respetuoso te diré que el cuento ganador tiene una historia muy original e interesante,más su calidad literaria brilla por su ausencia...ahí les va:
    EL COLECCIONISTA DE NADAS






    Se levantó con la certidumbre de que algo le faltaba. Miró alrededor y comprobó que sería inútil esforzarse por encontrarla. Le pareció que mejor hubiera sido, no haber intentado abrazarla y así no llorar su partida. En sus años mozos, ya había adquirido varias nadas. Sus colegas ya le habían dibujado con adjetivos desmesurados lo valiosa que era. Sin dudarlo, vendió las joyas que la mujer del prestamista, sin reparos camino al Don, despilfarró.
    Muchos fueron los dardos en forma de consejos que recibió; para que desistiera de hacerse a ella. Cuando en la tienda de subastas fue el primero en ofertar -ante la envidia del gremio-, se sintió el hombre más feliz del mundo, de hecho pensó que ya podría dar por finalizada la búsqueda. La cubrió con su abrigo y se dirigió a desafiar la soledad fantasmal en la que ha vivido, desde que su mujer lo encontrara con una de las meretrices venidas de Alcalá. Ya en la sala de su casa, la invitó a un café. El viejo coleccionista no podía creer que estuviera bajo su techo, apaciguando noches de hastío y desvelo. La miró fijamente y observó que era un poco más pequeña de lo imaginada, es más, su rostro no era tan perfecto como decían los viejos del café Volga, tampoco tenía los hoyuelos marcados. Para dar calor a la conversación, le hizo un vago comentario, ella sonrió tontamente, a la vez que buscó donde posar la taza. El apasionado se acercó, tanto que sintió el aliento de ella. Cuando quiso abrazarla, la nada hizo lo que por naturaleza acostumbran hacer: se esfumó ante sus ojos. Los viejos del Café Volga comentaron luego, que al iluso sólo le quedaron: el aullar del perro del faquir y una taza con el carmín de unos labios que nunca besó.
    ALBERTO FABRAL
    -Seudónimo-
    albertoalzategarces@hotmail.com

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