8 may. 2011

Diario de un cuento (Día 24)

No hay nada como quedarse en blanco. Cuando uno se queda sin ideas. Es agónico. Uno siente la impotencia de quien tiene a su alcance los medios para liberar a la dama en apuros, pero se encuentra atado de pies y manos, con cientos de armas puntiagudas apuntándole y situado en una pequeña parcela aislada y rodeada de ardiente magma. Tener la hoja en blanco delante durante más de media hora y terminar con ella llena de garabatos y dibujitos. Es insufrible. No hay personajes hablándome. No hay inspiración. No hay lugares a donde viajar con la mente. No hay nada. Cierro los ojos y solo veo blanco.

Últimamente, hablo mucho con gente que ya tiene varias novelas en el mercado, gente muy buena. Es, (como decía un personaje de Andreu Buenafuente) la grandeza de las redes sociales. Son gente muy cercana, pese a sus éxitos. No se han endiosado con el éxito, y tratar con ellos, me da que pensar que los motivos por los cuales escribo, no son los de la mayoría de personas. Muchos lo hacen por hacerse famosos. Otros por el dinero que les pueda reportar lo que escriben. Yo lo hago por placer. Quizás sea ese el motivo por el que no termino una sola de mis historias. ¿Tengo miedo? No puedo decirlo. No me encuentro entre los que se saben analizar y corrigen sus defectos.

Creo que estar rodeado de tanto famoso (que se lo ha trabajado con los años) me intimida. Al igual que lo hacen los textos de gente como yo. En los últimos meses que he participado en algunos concursos literarios, he conocido a gente magnífica. Auténticos magos blancos de la literatura. Y sus escritos me intimidan. A veces me siento incapaz de llegar a su nivel. Si. Es cierto que no tengo los estudios necesarios. Si. Es cierto que por principios no voy a escribir según qué cosas. Y si. Mis limitaciones en cuanto al dibujo por ejemplo, me impiden realizar proyectos que hace años quiero sacar adelante, como por ejemplo una serie animada en Flash, o algún que otro comic. Es penoso el bloqueo del escritor. Afortunadamente no tengo que hacer frente a ningún contrato editorial como otros. Y cuando acabo de repasar este texto me doy cuenta de que aunque no es una historia. Hoy he escrito algo.

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