13 may. 2011

¿Donde está Peter Pan? Microrrelato

Carlos abrió los ojos. La luz de la mañana, atenuada por las cortinas iluminaba la estancia.


Se miró las manos. Estaban arrugadas, pero todavía fuertes. Levantó levemente su cabeza y se miró el pecho. Tenía una sensación de extrañeza. Lo tenía cubierto por algo de bello blanco.

Miró a su izquierda y vio a su hermosa mujer. Raquel. Ella le devolvió la mirada, y le regaló una sonrisa. Él la recogió con otra.

Volvió a mirarse y se palpó un poco el pecho. Soltó una medio carcajada que apenas duró medio segundo. Su mujer le puso la mano sobre su arrugada pierna.

-¿Qué te pasa?

-Acabo de darme cuenta del tiempo que ha pasado. Me siento como si hubiese pasado los últimos sesenta años durmiendo. Es como si hubiese vivido la vida de una manera inconsciente. Ahora. En esta mañana he recuperado esos sesenta años, y me siento como si tuviese veinte. Y me alegra verme envejecido. Me hace gracia ver nuestro pelo emblanquecido.

-A ti nunca te ha hecho gracia nada, cariño.

-¿Qué le pusiste ayer a la cena? Porque me ha sentado genial. Creo que es hora de vivir. Vámonos. Vámonos lejos. A donde nunca hemos ido.

Raquel agarró la mano de su marido, y la besó con ternura, cariño y amor por primera vez en muchos años. Aquel era el hombre con el que se casó.

Uno de los problemas del ser humano, es que generalmente damos las cosas por sentadas. Podemos vivir sesenta años junto a una persona y no pensar en lo vivido durante todo ese tiempo, dando por sentado que estamos viviendo cuando en realidad estamos durmiendo en vida. Carlos y Raquel vivieron muchos años más haciendo lo que sesenta años antes no habían podido hacer por estar durmiendo en vida.

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