31 ago. 2011

¿Sueñan los niños africanos con naves espaciales?

Este es un pequeño relato que hace años me rondaba la cabeza. Logré terminarlo no hace mucho y he pensado compartirlo con vosotros. Perdonad la extensión entre espacios, pero está formateado con el estandar de publicación. Times new roman 12 a doble espacio.

Acurrucado en el calor de la cama, un niño esperaba a su madre para ser arropado y recibir las últimas muestras de cariño del día. Y cada noche el niño preguntaba a su madre cosas como estas:


-Mamá. ¿Tú sueñas?

-Los mayores casi nunca soñamos- me decía mientras acariciaba mi pelo- y cuando lo hacemos apenas recordamos lo que soñamos.

-Mamá. ¿Sueñan los niños africanos con naves espaciales?

-Supongo que sí.

-Pero. Si nunca han visto una ¿cómo pueden soñar con ellas?

-¿Has visto tú una alguna vez?

-No

-¿Entonces?

-Pero puedo imaginarlas

-Pues igualmente pueden hacerlo ellos. Solo que no serán como las que salen en las películas. Serán de otra forma.

-Pues cuando yo sueño con naves espaciales, imagino que vuelo por el espacio luchando contra seres alienígenas y visito otros planetas.

-Eso es porque vives una buena vida, y papá y mamá te dan todo lo que necesitas. Y cosas que no necesitas también. Pero la mayoría de niños en África, no tienen apenas para comer, ni para vestirse.

-¿De verdad? Pobrecitos. Si yo tuviese una nave espacial, viajaría a otros planetas en busca de comida y ropa para ellos.

-Eso es muy bonito por tu parte hijo mío, pero las naves espaciales son muy difíciles de conseguir.

Aquella misma noche. Cuando el niño y sus padres dormían profundamente, una nave espacial, se detuvo delante de la ventana del muchacho. No era mayor que un coche y tenía forma de nuez. Y el mismo color también. Una puertecita lateral se abrió y de ella salió un niño africano que picó a la ventana del pequeño inquisidor.

-Hola, ¿eres tú el niño que quiere traer comida y ropa a los niños que no tienen?

-Si- dijo titubeante el muchacho frotándose los ojos con ambas manos.

-¿Quieres venir conmigo?

El pequeño no lo pensó dos veces y saltó a la nave. Desde aquel día, hizo infinidad de amigos nuevos y ayudó a cuantos lo necesitaban. Pero no solo en África, si no en todo el mundo. Las ganas de ayudar y la inocencia habían logrado más que las buenas intenciones de los adultos



2 comentarios:

  1. Dani me ha gustado, pero si me permites un comentario, el último párrafo le hace perder calidad, es lo que menos me gusta.

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  2. Lo sé. A mí tampoco me gusta. Muchas gracias por el comentario y la crítica.

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