29 sept. 2011

Opinión: Educación Sheldoniana. Larga vida y prosperidad

Últimamente estoy experimentando cambios en mi cabeza que me sorprenden. No sé si son debidos a una gripe que he pasado, o a que llega un momento en la vida de todo hombre en el que pasa de un nivel intelectual larvario, uno de mayor complejidad. O simplemente es que me estoy volviendo idiota.


El caso es que estaba yo meditando profundamente el otro día, sobre la educación y el tipo de personas que han recibido esa educación y de la que yo soy consciente y llegué a una conclusión lógica.

Si analizamos la educación recibida por las personas que hoy día dirigen, iba a decir el mundo, pero vamos a quedarnos en España. Y el contexto en el que recibieron dicha educación, nos encontramos lo siguiente.

Un contexto serio y riguroso. Duro. En un ambiente bélico o posbélico. Con una cultura científica en expansión, pero insuficiente. Con una fuerte influencia religiosa (Católica Apostólica Romana) con todo lo que ello conlleva. O con una influencia fuertemente opuesta a la anterior, con todo lo que ello conlleva. Un limitado acceso a la información global que a la vez es filtrado por un severo régimen. Un fuerte sentido de la moralidad, muchas veces nada equilibrado que frecuentemente ha llevado a dar una imagen bastante hipócrita de las personas que alardeaban de él. Y una enseñanza clásica.

Obtenemos de esta manera un modelo de personas como las que ahora mismo dirigen el país. No voy a entrar en críticas de ningún tipo. Solo pensad en esas personas y meditar en lo que hacen, las medidas ilógicas que toman, las resoluciones parciales, sus triunfos y sus fallos.

Analicemos ahora nuestro futuro.

Un contexto despreocupado. Volcado en el esfuerzo de la supervivencia que lleva a la mayoría de los padres a desatender a sus hijos. Un ambiente de bonanza engañosa hasta ahora que ha llegado la crisis. Una cultura científica buena, aunque casi toda enfocada a la evolución del mundo del entretenimiento y la comunicación. Con la influencia de centenares de religiones, filosofías y creencias. Con un completo acceso a toda la información global, en la que toda opinión, lógica o no, es aceptada y validada. Una total ausencia de moral en cuanto a muchos temas en pos de la libertad individual. Una enseñanza limitada y marcada por la influencia de todo lo anterior mencionado tanto en alumnos como en maestros.

Esto nos da una generación de personas que no va a servir ni para estar escondida. Personas con poca o nada preparación mental, que se fían de cuanto se dice en los medios de comunicación sin pararse a buscar una fuente fidedigna de datos contrastables. Gente que deja los estudios, porque prefieren pasar el día en el parque con los amigos y amigas. Gente que prefiere formar parte de una banda. Gente que se pasa las horas en el gimnasio para dar forma y volumen a sus cuerpos, para luego adoptar una mímesis de gorila de lomo plateado y erigirse el ser más fuerte y dominante del barrio. Chicas que invierten el dinero de sus padres en la Blackberry del momento y en pendientes del diámetro de un acelerador de partículas, cuyo conocimiento sobre el mundo del corazón (prensa rosa y cotilleos) es supremo, y su aspiración más elevada es ser colaboradora de uno de esos programas, aunque no tengan muy claro que signifique el verbo colaborar.

Vale. En ambos casos, hay un sinfín de sentimientos interventores que afectan de alguna manera a la mayoría de personas que han vivido el espacio tiempo contextual mencionado antes. Pero en ambos contextos, el sentimiento que prevalece, es el egoísmo. Por un lado, los que usan a las generaciones posteriores para beneficio propio. Por otro lado los que solo buscan su beneficio abusando de los demás mediante la delincuencia.

En medio. Una generación de gente que estudiaba en un ambiente más o menos agradable. Serio en su justa medida., aunque todavía estaba saliendo del abismo temporal. De bonanza económica. De un nivel de información medio. Ni tan exagerado como ahora, ni tan limitado. Y con acceso a nuevos modelos de cultura y subcultura. Llegábamos a casa al medio día para comer, y nos esperaba Star Trek, de la que aprendimos que el mundo podía llegar a ser una unidad admirable. Sin fronteras.

Los coleccionables de los 80, hablaban de cultura y ciencia. Juegos como Anatomía humana, o fascículos con posters que eran un despiece del transbordador espacial Challenger. Las pelis hablaban de futuros increíbles con coches voladores y skates flotantes. De condensadores de fluzo y viajes en el tiempo. Nuestra esperanza era llegar allá donde no había llegado nadie. Los profesores hablaban de un tal Gollum, por las tardes un justiciero patrullaba las calles con su Halcón callejero y justo después miles de bicis salían a la calle a simular lo visto. Los lagartos verdes con Diana al frente comían ratones y JAFO era el copiloto del Trueno azul.

Por ello creo que es el momento de quejarnos. Es absurdo que le preguntes a un niño si sabe qué es un acelerador de partículas y te mire como diciendo que te va a pegar, pero en cambio sepa la vida y milagros de Belén Esteban. Es intolerable que un niño no haya visto alguna vez “Erase una vez…” o “Barrio Sésamo” donde se aprendían cosas útiles para la edad, y en cambio hayan visto la filmoteca porno de sus padres. Si, padres. Creedme lo han visto todo. Es nefasto que un niño de quinto no sepa ni tan siquiera un pedacito de la canción del Pirata de Espronceda. Y podría seguir toda la vida.

Así que. Desde este humilde sitio, pido a quien corresponda, la implantación urgente de un nuevo sistema educativo basado en el uso de la lógica Vulcaniana, sin dejar de lado los sentimientos humanos. Nunca se sabe cuando podemos ser víctimas de un holocausto alienígena o zombi. Hagamos que nuestros jóvenes jueguen a partes iguales a la Xbox y a la ciencia a modo de I+D, porque si no actuamos ya, me veo el país desierto como en la serie The Walking Dead amigos.

Nota: Estas declaraciones pueden o no haberse hecho en un entorno de intoxicación muy grave. Si alguien se ve afectado negativamente por estos comentarios, lo siento.

21 sept. 2011

Nuevas tecnologías para la literatura

Hace muchos años que ya no se estila eso de hacerse uno su propio libro de manera artesanal, con encuadernación y todo. Cada cual tiene su papel en el mundo de la edición y publicación. Evidentemente vivimos en una época, en la que el dinero manda, y el sistema está montado de manera que de un mismo artista, puedan vivir centenares de personas o incluso familias.


Muchos piensan que la entrada en juego de las nuevas tecnologías perjudica al sector, disminuyendo la competitividad y produciendo numerosos despidos en muchas empresas. Personalmente desconozco los datos, pero mi opinión es contraria a esa creencia. Las primeras en ponerse las pilas han sido las librerías. Quienes venden tanto libros digitales como en formato papel. Un sector que ha empezado a tener trabajo, es el de las empresas o autónomos que se dedican a pasar a unos y ceros las tintas de los autores, para crear libros electrónicos.

Las empresas de telecomunicaciones sacan nuevos productos en forma de Tabletas, donde se pueden instalar dichos libros. Las empresas logísticas siguen trasladando cajas de libros. Y un punto que yo considero importantísimo. La proliferación de las redes sociales y el creciente número de usuarios de estas, permiten una fluidez de comunicación entre autores y lectores tal, que los propios consumidores piden reediciones de libros descatalogados, cuando conocen la obra de un autor y les agrada. Con lo que el mercado se mueve más.

Al mismo tiempo se fomenta la competitividad. Es el turno de los investigadores. El libro electrónico no es la panacea contra la contaminación que genera el mundo literario. Tengamos en cuenta que si ahora se vende menos libro en papel pero se vende más libro electrónico, solo desplazamos el producto contaminante. Baja el consumo de árboles, pero aumenta el de silicio. ¿Sabíais que construir una placa solar es casi tan contaminante como la energía que ayuda a ahorrar? Bien, pues es la hora de invertir en I+D, buscando tintas no contaminantes y que cueste poco generarlas. Papel sin productos químicos que ensucien nuestras aguas y que no solo sean de bajo coste si no de larga duración. Y podría seguir, pero soy escritor, no ingeniero.

¿Qué opináis? ¿El mercado electrónico hace tanto daño al papel? ¿Los autores se están viendo afectados por el bajo coste de los libros electrónicos? Espero vuestras opiniones.

19 sept. 2011

Opinión: Qué leer. Qué escribir

Ilustración de Naara Riveiro
 
En un mundo cada día más relajado moralmente, o mejor dicho; lleno de ambigüedades morales, se hace muy difícil encontrar algo que satisfaga la necesidad intelectual de un niño, sin llenarle la cabeza de ideas e imágenes absurdas que solo competen a los adultos. Está claro que es un problema para muchos padres a los que les preocupan, no solo lo que leen, si no también lo que estudian, ven en la televisión, en internet y en todos los medios de información a nuestro alcance. Hoy día hay tantos niveles morales que para acertar en el de uno mismo hay que trabajar mucho buscando lo adecuado a su criterio. Desconozco si todavía vivimos en la denominada “Era de la información”. Lo que sí sé es que no hay que permitir que a los niños les llegue cualquier tipo de información. Los padres tenemos la responsabilidad de ejercer de filtros para sus magníficas mentes.

De la misma manera, es trabajo duro para un escritor con principios, realizar una obra y verla publicada sin verse comprometido ni uno mismo, ni sus creencias, ni sus principios y tampoco sus ideales.

El mundo editorial es extremadamente competitivo y marca las tendencias de lo que leen nuestros jóvenes, dejando algo de lado a escritores que no están dispuestos a implementar en sus ficciones, pasiones románticas empalagosas, escenas de contenido violento o sexual, o ideas contrarias a las del escritor, en aras del triunfo, las ventas y otro tipo de recompensas.

Evidentemente este artículo no deja de ser una opinión personal, y como menciono al inicio, la barrera infranqueable de la moralidad, está directamente relacionada con la libertad individual, y es cada persona la que debe juzgar y seleccionar el material que quiere para sus hijos, siempre pensando en su bienestar y su educación. Pero es misión de todos el no hacer de la edición y publicación de literatura un mercadeo de imágenes y conocimientos poco apropiados para nuestros hijos. Sería especular con su intelectualidad. Y ya sabemos lo que sucede cuando se especula con algo. Se termina con una inmensa mayoría de afectados, y una minoría de privilegiados que ven como el monstruo de la aguja se acerca para romper la burbuja. Luego es todo una escabechina de acusaciones.

Se dice que nuestros hijos son el futuro. Qué extraño. Nosotros hace pocos años también éramos el futuro, y la cosa no ha mejorado mucho.

8 sept. 2011

Vela y viento

En una remota y minúscula isla vivían un pescador y su mujer. Todos los días, salían muy temprano a faenar y su mujer le decía:


-¿No sería mejor construir un mástil y poner unas velas blancas a la barca?- Pues su marido y los remos, eran la única fuerza que impulsaba la barca.

-Mi amor. Yo soy la vela, y mis ganas por regresar y pasar el día junto a ti en nuestro hogar, son el viento que me impele.

Con esto pasaron los meses y ahora ella esperaba en casa ya que se encontraba en estado y no podía ayudar a su compañero.

Y la mujer del pescador insistía en poner velas a la barca. A lo que él siempre contestaba:

-Mi amor. Yo soy la vela, y mis ganas por regresar cada día a tu lado para colmarte de atenciones, son el viento que me impele.

Nació una preciosa criatura en aquella remota y minúscula isla, y la mujer cuidaba del niño e insistía a su marido en poner velas a la barca. A lo que él contestaba:

-Mi amor. Yo soy la vela, y mis ganas por regresar cada día a vuestro lado y quereros y disfrutar de vuestra compañía, son el viento que me impele.

Pasaron los monótonos años y el pescador puso velas a su barca. Cosa que le permitió adentrarse en aguas profundas y traer a su familia otros tipos de captura.

Cierto día, faenaba el pescador como de costumbre cuando le sorprendió una tormenta terrible. La barca iba de acá para allá y de arriba abajo golpeada por las olas. A lo lejos su esposa miraba sufridora la escena y el muchacho se agarraba a las faldas de su madre, atemorizado por las impresionantes nubes negras que hicieron desaparecer a su padre en el horizonte.

Durante algunos días permaneció a la deriva. El fuerte viento había destrozado las velas y el mástil que las sujetaba.

Apunto estaba de rendirse a la dama de la guadaña, cuando la barca embarrancó en una diminuta isla, donde pudo alimentarse con algunos frutos y beber agua dulce de un riachuelo. Habían pasado algunas semanas cuando cobró fuerzas y ánimos y se dispuso a regresar con un par de remos que había tallado.

Remaba largas horas y descansaba unos pocos minutos.

Y un par de meses después de la tormenta, sucedió que en una remota y minúscula isla, había un niño que se encontraba jugando en la playa junto a su casa. Este al mirar al horizonte, vio una barca sin velas que se acercaba lentamente y fue a informárselo a su madre, quien se encontraba reposando pues había agotado sus fuerzas de tanto llorar la pérdida de su marido.

Para cuando esta llegó a la orilla, el pescador ya se disponía a saltar de la embarcación para recorrer la última distancia a nado.

Tras los abrazos y las lágrimas de felicidad. La mujer preguntó a su marido cómo había podido regresar sin velas ya que sabía que las islas más cercanas se encontraban a varios días de navegación. Y este le contestó:

-La monotonía del tiempo había cubierto con una oscura manta lo que significabais para mí. Haciéndome dar por sentado vuestra presencia. Pero al estar allí solo. La lejanía se llevó la manta, descubriéndome lo que estaba a punto de perder. Así que mi amor, me hice vela de nuevo y mis ganas por encontrarme de nuevo con vosotros y teneros y apreciar mi posesión más preciada, han sido el viento que me ha impelido hasta vosotros.

7 sept. 2011

Pares sueltos

No hay peor ciego que el que no quiere ver. Reza un famoso refrán. Yo creo que a veces, tenemos miedo de traspasar la barrera de la imaginación, temiendo que sea la de la locura. Cuando empezamos a crecer perdemos la inocencia y creemos que tanto niños como ancianos viven en un mundo irreal y poco práctico que les impide ver la verdad. Esa inocencia que mencionaba antes la perdemos al crecer, y la recuperamos al envejecer. ¿No es más lógico pensar que si la recuperamos, es porque se trata de la auténtica realidad? Permitidme que os muestre un ejemplo. Aquí tenéis a un reportero y su cámara. Seguros de sí mismos. Creyendo vivir la realidad.


-En nuestra gira de documentales en busca de los establecimientos más curiosos del país, encontramos al señor Castaño y su zapatería. Un hombre mayor, que ha sobrepasado de sobras la edad de jubilación. Afirma tener muchos más de cien años, pero no nos muestra ninguna documentación que lo certifique. El equipo de este programa no le echa más de ochenta. Le preguntamos sobre su negocio.

-Tengo una clientela de lo más selecta y exigente. Cada día entran en mi zapatería decenas de madres con sus hijos, en busca del zapato, sandalia, deportiva o bota que le quede bien a la criatura. También podríamos verlo desde otra perspectiva. Cada día entran en mi zapatería decenas de niños con sus madres, en busca del calzado que más le gusta a la criatura. No soy dependiente. Soy zapatero. Hago mi propio calzado y lo vendo en una tienda que se remonta siglos atrás. Aún mantengo la misma decoración en la fachada. Forros de madera y un cartel artesanal que ha sido restaurado varias veces, le da a mi negocio un aire hogareño. Rústico. Un no sé qué, que hace que generación tras generación, vengan a visitarme los descendientes de los clientes originales.

Más que un zapatero, me gusta considerarme conciliador de asuntos difíciles. Casi todos los días me enfrento a niños malcriados que se discuten con sus madres o padres porque el calzado que están a punto de comprarles, no son de la marca que ellos quieren, o de la marca que tiene su compañero de colegio. Cada día he de utilizar viejos trucos para convencer a los niños de que la elección de sus padres es la correcta. A veces guardo un as en la manga, dejando el mejor producto o el más adecuado para el final.

En ocasiones tengo que usar mucha psicología. Y no será la primera ni la última vez que le digo a un niño, que los zapatos de mi tienda, son como las varitas mágicas de su protagonista de novelas infantiles favorito. Hay un calzado para cada niño. Y mis zapatos eligen a su dueño.

Los padres quedan bastante satisfechos y por eso regresan cada poco tiempo a buscar más calzado.

Los productos de mi tienda son de mucha calidad, aunque no tengo necesidad de que eso sea así, ya que el calzado de un niño, dura lo que tarda en crecerle el pie. Y son pocas las ocasiones en las que otro niño hereda el calzado de otro. Si. Es cierto. Muchos padres les entregan a otros padres el calzado que sus hijos no necesitan. Y los que reciben el regalo, lo aceptan agradecidos. Pero a la hora de la verdad, nadie le pone a su hijo los zapatos de otro niño. O por lo menos no donde yo vivo.-

Estando en el interior del local, nos sorprende la cantidad de cajas, todas del mismo tamaño y color, que forran las paredes del establecimiento. Todo está sumamente ordenado. Las cajas solo se distinguen por un número. Y a pesar de que el señor Castaño, afirma que fabrica su propio calzado, no encontramos ni herramientas, ni maquinaria para realizar dicha tarea.

-Señor Castaño. ¿Cómo sabe que calzado hay en cada caja? Son todas iguales. Solo las diferencia el número de talla.

-Verás. Es algo mágico, por decirlo así. Cada vez que busco el calzado adecuado para el niño, escucho bien. El hecho de que les diga ciertas cosas a los niños para convencerles, no significa que no sea cierto. Es como si al entrar el muchacho en la tienda, se crease un lazo entre el calzado apropiado y él. Casi siempre se crea más de un vínculo, y son los propios zapatos en sus cajas los que me llaman y me dicen donde se encuentran.-

Caemos en la cuenta de que en una esquina, hay un gran baúl abierto. En su exterior, hay un cartel en el que está escrito: “Pares sueltos”. No podemos evitar preguntarnos. Si el calzado elije al niño, ¿De dónde salen estos pares sueltos?

-¿Conocen la leyenda del Ratoncito Pérez? Pues bien. Sucede algo parecido con los zapatos y los calcetines. Muchas veces, un miembro de la pareja se pierde entre un montón de trastos que van a parar bajo la cama. O en una bolsa de viaje olvidada en un armario. O en el colegio. Sea donde fuere, los Duendes de alcoba lo encuentran y me lo traen de vuelta. A veces, los padres regresan preguntando si tengo un par suelto del zapato que compraron. Evidentemente, cuando lo tengo, este me llama desde el baúl y yo lo encuentro. Por lo general no les cobro nada, pues me da pena que uno de mis muchachos se quede sin su pareja.

Pero cuando la familia que ha perdido una pareja, no se preocupa de venir a preguntar, los Duendes de alcoba regresan a la casa y se llevan el par suelto que queda. De esta forma, me lo traen de vuelta a su hogar, los emparejo y los devuelvo a su caja original. Esas familias no merecen tener uno de mis productos.

-¿Y se dan muchos casos?

- Más de los que imaginas. Y cuanto más avanza el tiempo y la gente se torna más materialista, el asunto es peor. He visto desaparecer pares sueltos, porque la familia que tenía el otro par, decidió destruirlo. ¿Te lo puedes creer? Destruir un producto artesanal.

Pero aún quedan personitas curiosas en este mundo. Un caso que me pasó hace unos días, es el de una niña llamada Alexandra. A la que sorprendí rebuscando en el baúl. Su hermano pequeño le había perdido una pareja de sus sandalias favoritas. Según me explicaba la niña, de no más de ocho años, aquellas sandalias le permitían trepar a los árboles, donde se subía para vivir aventuras de lo más singulares.

-Querrá decir, imaginar.

-Quiero decir vivir amigo mío. Los niños no imaginan. Viven.

Le pregunté si hacía mucho que se había perdido su sandalia, y me respondió que había sido el día anterior. La invité a pasar al día siguiente. Aquella noche, entre los pares sueltos que trajeron los duendes, encontré una sandalia a la que le habían cosido una etiqueta pequeña. ¿Cómo puede alguien en su sano juicio estropear con una burda etiqueta algo tan preciado y costoso de hacer? Pensé. Hasta que leí lo que decía: “Propiedad de la Cazadora de estrellas”.

Me arrepentí de mis pensamientos. Coser aquella etiqueta, era un acto de amor. De aprecio por algo que uno siente propio. Así que al día siguiente, cuando regresó y me preguntó si la había encontrado, le pregunté yo a ella si de verdad era la Cazadora de estrellas. Se le dibujó una enorme sonrisa en la cara. Una niña lista. Asintió.

-Como regalo, voy a capturar una estrella para ti.- Dijo mientras salía a toda prisa. Y ahí delante, en la otra acera, se ha pasado los dos últimos días intentando cazar una estrella.

-¿Y cómo lo hace?, si puede saberse.

-Desconozco el mecanismo. Solo sé que deja una caja en el suelo, y se agacha cogiendo las solapas de esta. Va moviendo la caja de un lado a otro mientras mira al cielo. Como quien gradúa un telescopio, o un mortero de guerra. Guiña un ojo para afinar puntería y… ¡zas! Cierra las solapas.

Ayer mismo hizo eso, mientras dos niñas miraban atentas una a cada lado de la caja. Cerró la caja gritando: ¡Ya está! Pero al abrirla para ver en su interior, la decepción se apoderó de la cara de las dos visitantes. No había nada.

-Ups. Se ha escapado. Bueno. Lo intentaré de nuevo.- dijo. Y las dos mozas cambiaron de actitud, dando como normal y posible el resultado aquella intentona de captura.

-¿De veras cree en esas cosas?

-Mi querido amigo. A lo largo de los años vividos. Y créame cuando le digo que son muchos más de cien. He sido testigo de infinidad de asuntos. Unos asombrosos, otros temibles, muchísimos maravillosos y solo unos pocos tristísimos. Si esta niña asegura cazar estrellas, no tengo por qué dudarlo. Y ahora si me lo permiten, he de cerrar.

-Sí. Por supuesto. Bien. Nos despedimos del señor Castaño con un efusivo apretón de manos. Y despedimos el programa hasta la semana que viene, donde entrevistaremos a la encargada de una librería muy peculiar. Libros hechos a mano listos para ser rellenados con historias fantasiosas. Como las que nos ha contado el señor Castaño.

-Y… cortamos.

-Un poco loco el abuelo ¿no?

-Sí. Definitivamente, este documental no creo que sirva más que para que lo traten de loco, y pierda toda su clientela en una noche. Empieza a borrar el disco duro. Suerte que tenemos la entrevista a los indigentes del parque. Están más cuerdos que este pobre anciano.

-Borrada está. Oye. Mira, está entrando una niña con una caja de cartón en la mano.

Ya con las luces del local apagadas y la persiana a medio bajar, se hizo una luz brillante en el interior. Un fulgor como el de miles de soles salió de la vieja tienda, y fue atenuándose hasta hacerse mínimo. Bajo aquella tenue luz, se podía ver al anciano señor Castaño agacharse y dar las gracias a la pequeña Alexandra. Juntos salieron de la tienda y terminaron de cerrar la persiana. Saludaron en voz alta a los periodistas que estaban en la otra acera y a los duendes de alcoba que asomaban por la esquina de la tienda que daba al callejón, y donde se encontraban descargando los pares sueltos que habían encontrado la noche anterior.

1 sept. 2011

Soy

Esto, bien, bien no se lo que es. Simplemente me puse a escribir escuchando algo de musica una mañana y me salió esto. Criticad y aconsejar lo que querais que acepto cuanto digais.

Soy el que hace que desees morir cuando yerras.

Soy el que tiñe de negro tus pensamientos.

Soy el que te señala y el que te golpea el pecho.

Soy el que crea duros inviernos en tu mente.

Soy el anhelo desesperado.

Soy el que hace que la comida te sea como arena.

Soy la incomodidad en tu esparcimiento.

Soy el que no te deja tranquilo en ningún momento.

Soy la pena que te corroe.

Soy la marca a fuego en la piel de tu alma.

Soy aquello que te inquieta durante la noche.

Soy tus pesadillas y tus sobresaltos.

Soy la evidencia de cuanto quieres ocultar.

Soy el llanto de tus víctimas que resuena en tu interior.

Soy la confusión del inexperto y el desaliento del adulto.

Soy la corrosión del espíritu.

Soy el ansia por superar tus maldades.

Soy tu acusador personal.

Soy todo aquello que quieres dejar atrás.

Soy el espectro del doliente.

Soy la garra que araña tu interior.



Porque soy tu conciencia cuando has pecado.