28 nov. 2011

Microrrelatos de Terror

Estos son los microrrelatos de terror que participaron en el concurso de Artgerust. La crítica no ha sido generosa con estos relatos y reconozco que no es ni mi estilo, ni mi género. Espero vuestra opinión. De todas formas aún queda por saberse si uno de ellos va a ser publicado en una antología de los 200 mejores relatos de unos 1700.

Desaparecido

El hombre aseguraba que su hijo había desaparecido en la mina. El guardia de seguridad, aseguraba que lo vio salir, minutos antes de que se tapiase la entrada por el cierre de la empresa. Se organizó un equipo de rescate. Retiraron el encofrado de hormigón y abrieron las rejas. Allí, junto a ellas, se encontraba el cadáver del operario, que por desgracia quedó sepultado de cintura para arriba.
Mientras no se cerraba de nuevo la mina, la empresa puso de nuevo al guardia de seguridad, para evitar más accidentes. Justo a la hora a la que los mineros solían salir de sus puestos de trabajo, la figura del fallecido pasó por delante del guardia y se despidió. Fue lo mismo que vio el día que autorizó el tapiado. Ya estaba muerto cuando lo enterraron abajo en la mina. Si un despiste de última hora no le hubiese obligado a regresar, no habría quedado sepultado por un desprendimiento fortuito.

El letargo
¿Qué puede haber peor que la muerte? El letargo. Un virus que mata tus funciones vitales durante un tiempo, para reactivarlas días después. No son zombis. Son plenamente conscientes de lo que les pasa, pese al deterioro del organismo por la falta de oxígeno. No tienen las necesidades físicas de un vivo, pero si sus sentimientos. Cuando despiertan en su ataúd y recuerdan las tristes melodías de los violonchelos del sepelio. Empiezan a romper los recubrimientos y a rascar la tapa del ataúd. A golpear con la esperanza de que les escuchen. Entonces empiezan a notar los organismos vivos que se alimentan de su cuerpo lentamente. Sienten la soledad, la pena y la angustia. Mediante las cámaras instaladas podemos ver la corrosión de sus cuerpos hasta que en un momento dado, un gusano desconecta la última parte activa de su cerebro. Les tenemos miedo y por eso no les podemos dejar salir de sus tumbas. Pero es triste y terrorífico.

Jack
No lo reconocí por su mirada intensa y paralizante. Ni por el tatuaje en el antebrazo derecho, cuya mano tapaba mi boca para evitar que gritase. Ni por el hecho de estar en Whitechapel. Supe que era Jack, al notar mi sangre y mis entrañas salir de mi interior lentamente. Era una sensación húmeda y caliente sobre la piel, pero fría en mi interior. Notar cómo me vaciaba, cómo mi interior se derramaba por el suelo aun viva. Cuatro generaciones de destripadores que he seguido desde que entré en el cuerpo de policía, y resulta que el último descendiente es mi propio novio.
Se quedó mirando hasta que me quedé dormida. Sé que no fui la primera ni sería la última. Solo me queda la satisfacción de que ese último acto que hizo contra mí, le dolió tanto como a mí su bisturí. Antes de cerrar los ojos me he llevado un poco de su alma.

Para entrar a...
El anuncio era claro aunque el vendedor fue más explicito. El panteón es único en el país. Ubicado en la mejor zona del cementerio más grande de Europa. Siete departamentos y siete osarios. Con espacio de sobras para colocar un ataúd en el centro y realizar el velatorio. Con plena oscuridad gracias al arbolado típico de zonas pantanosas. En la parte sur, se filtra el agua por una de las paredes y pudre muy rápido. Ideal para grupos familiares. La bóveda acristalada, tiene algunos agujeros por donde se cuela un grupo de cuervos. Y las ratas lo hacen por ese hueco en la puerta enrejada. Es a perpetuidad y tiene escasa ventilación, así como un exceso de humedad y calor.
Vamos. Para entrar a morir.

La hija (Finalista del II certamen de terror Artgerust)
La adoptamos ya crecida. Tenía unos seis años y hablaba perfectamente nuestro idioma pese haberla recogido en Rusia. La veía triste, así que en un gesto de acercamiento a ella, le dije si le gustaría conocer a su verdadera madre algún día, a lo que me respondió que ya sabía quién era ella.
Pronto la alegría se tornó rareza. La niña desapareció una noche, y regresó a casa cerca del alba. Al día siguiente la seguí. Entró en casa de una vecina muy mayor y salió con ella de la mano. Se acercó a una zona muy oscura del jardín y allí la entregó a una mujer alta y joven, vestida de negro. De huesudas y arrugadas manos y demacrada por alguna enfermedad.
Al día siguiente, me enteré de que la anciana había muerto. Y le pregunté a la niña quien era la mujer de aspecto triste y lúgubre que vi la noche anterior.
-Era mi madre. La muerte.

Enamorado de una mirada
Era su primer día en aquel nuevo trabajo, y de nuevo tenía aquella sensación. La sintió con su vecino de oficina. Esa mirada. Intensa. Seria. Una mirada que escondía el miedo de ser despedido y sustituido por un mejor trabajador. Una mirada de sorpresa. Aquella mirada se quedó grabada en su mente cual fotografía.
Invitó a su nuevo compañero a tomar un café a su casa. Mientras tomaban ese café y sin mediar palabra. Se le acercó cuchillo de sierra en mano, y procedió a cortar. Lo que empezó siendo un grito de pavor terminó siendo un gorgoteo apagado por la sangre entrando en la garganta. Taxidermista de profesión logró plasmar aquella mirada en el rostro de su compañero. Un nuevo trofeo. Ahora tenía que limpiar y sentarse a escribir un nuevo currículum para un nuevo trabajo en otro lugar, en busca de una nueva mirada que mantener en tarros con formol sobre un largo estante del pasillo de casa.

Gran hermano: Muerte en directo
Todos estaban expectantes. De la llegada del primer hombre a Marte, se hizo un reality show. El módulo se posó sobre la superficie. Unas palabras para los anales de la historia y finalmente la salida a terreno abierto. Miles de millones de personas siguiendo segundo a segundo todos los movimientos mediante las decenas de cámaras y micros instalados en su traje.
La emisión no se cortó cuando la nave no funcionó para regresar y la escasez de oxígeno, se unió a la ansiedad de saberse muerto. Una desesperación claustrofóbica le hizo llorar y gritar hasta que agotó el oxígeno y todos fueron testigos de la soledad de un ser humano y su agónica muerte. De vez en cuando hay quien conecta con el canal que sigue emitiendo y observa el intacto cadáver del primer hombre que pisó Marte y jamás regresó. Dicen que cuando nadie mira, el cuerpo pide auxilio mirando a la cámara.

Emigrando a la nada
Soñaba con un mundo mejor. Un país donde formar una familia y ser rico. Y que mejor lugar para emigrar que el puerto, donde miles de contenedores se enviaban a países del primer mundo. Buscó la parte más oscura del almacén de contenedores. Allí, se coló en un viejo carguero oxidado y desatendido. Los nervios no le dejaron dormir. A la mañana siguiente escuchó los motores desde la bodega de carga del barco, donde esperaría a mostrarse al llegar a puerto para que le ayudasen a salir. Partió rumbo a lo desconocido. Del exterior llegó el sonido de un helicóptero. Luego una pequeña explosión. Y el agua empezó a mojarle los tobillos. Allí pasó las horas. Solo. Nadie pudo escuchar su entrecortada respiración y sus suplicas de auxilio, en el lugar donde se hunden los barcos en desuso. Dicen que la muerte por ahogamiento es la más agónica. Al dolor se añade la impotencia y luego llega la muerte.

El error
Cada madrugada, cuando me despertaba para ir al trabajo, escuchaba el balbuceo del bebé de los vecinos. Por el contrario, cada noche antes de acóstame, escuchaba al marido gritarle que era culpa suya.
Cierto día coincidimos ella y yo en el rellano. Estaba pálida, con ojeras. Le comenté que me hacía mucha gracia escuchar a su hijo por las mañanas y que hacía mucho tiempo que no lo escuchaba. Ella se puso a llorar. Por la noche de nuevo los gritos del marido, pero al amanecer no escuché al niño. Esa ausencia prolongada y el llanto de ella me pusieron en lo peor.
Al día siguiente llamé a la puerta y ella me abrió. El olor de la muerte me empujó para atrás. Entré en busca del niño. No lo encontré. Por miedo, mató a su marido hace tres semanas y se llevó al bebé a casa de su hermana. Vino a limpiar. Aquella noche lo escuché de nuevo.

La torre
El mundo se ha vuelto tan caótico y depravado, que se está considerando a gran parte de la población mentalmente desequilibrada. Empezaron a obligar a los enfermos a construir la torre. Cuando terminábamos una planta, la llenaban con nuevos enfermos y luego soltaban a la criatura. Despedazaba los cuerpos hasta que no quedaba nada más que sangre seca. Cuando el hedor era insoportable, cerraban la planta y continuaban las obras. Dicen que hay miles de estas torres. Muchas con más de cien plantas. Los que trabajamos en ellas tenemos la certeza de que no saldremos nunca. Y esperamos el día que una criatura cadavérica use sus garras y termine con nosotros. Me pregunto qué harán esos monstruos cuando se acaben los locos y solo quede gente cuerda en el mundo. Yo no lo veré. Pero hemos dejado una salida oculta. Será nuestra venganza.

Asilo
Nunca he tolerado que delante de mí se maltrate a nadie. Supongo que ese ha sido el motivo por el que los abuelos del asilo, me permitieron vivir. El asilo del olvido lo llaman. Porque solo ingresan aquellos que no tienen a nadie.
Me ataron a una silla y me obligaron a ver como terminaban la vida de los trabajadores. Uno a uno, fueron matándolos con un juego sádico de llamar para ser atendidos. A la que una enfermera o un asistente entraba, la habitación se convertía en una trampa. Se trasladaron a la sala. Pensaron que puesto que les faltaba poco tiempo, qué mejor que hacer lo que nunca habían hecho. Solo había una anciana. María. Ella se limitaba a ver el macabro espectáculo sentada en su mecedora. Pero su pose era distinta. Era como más juvenil. En medio de la masacre, se me acercó y me dijo al oído. No me hace falta intervenir cuando tengo tanto adepto.

Bello y Muerte
Noche lluviosa en la gran ciudad. El gran actor Benjamin Tide se dispone a relajarse en su lujoso apartamento cuando llaman a la puerta. Al otro lado encuentra una indigente empapada y demacrada pidiendo algo de compasión y limosna. Este la despide empujándola y amenazándola.
Poco después llaman de nuevo. Tide abre y encuentra una bella modelo que sin mediar palabra entra. El prepotente actor intenta abusar de ella. Esta lo lanza con gran violencia al otro lado de la habitación. Medio desnuda, su brazo derecho se convierte en la cuchilla de una guadaña. Benjamin se arrastra ensangrentado y mal herido. Grita. Pero de nada sirve.
Minutos después, solo quedan sus vísceras, su cuerpo despedazado y su sangre esparcida por el lujoso apartamento.
Dicen que la muerte está tan segura de ganarte la partida, que te da toda una vida de ventaja. Lo que no dicen, es que a veces se aburre y le da por jugar con sus víctimas.

Parásito

Primero pensó que le había sentado mal alguna cosa que había comido.
Cuando empecé a arañar, pensó que sería algún tipo de virus estomacal.
Cuando desgarré un poco y crecí pensaba que estaba enfermo de verdad, pero se limitó a pedir antibióticos en la farmacia.
Crecí algo más y empezaron a salirme mis futuras alas. Rompí un par de sus costillas, pero mi cuerpo segregaba una sustancia que le calmaba el dolor.
Pronto empezaron a aparecerle hematomas. Y yo seguía creciendo. Notaba como por las noches no dormía. Escuchaba como lloriqueaba a su médico, que en un principio lo ignoró. Con los hematomas lo ingresó, pero solo para observarlo. Sentía su angustia y ansiedad. Su impotencia. Cierto día lo escuché hablar con su novia. Quería abrirse en canal para sacarse lo que tenía dentro. Delante de ella, yo mismo le concedí su deseo y salí al exterior. Su novia aterrada gritaba aterrorizada mientras yo la devoraba desde los pies.

Sacrificio
Hacía poco tiempo que nos conocíamos. Aún así me quiso presentar a sus padres en su Colombia natal. Dos aviones, un tren y finalmente un autobús nos llevaron a una aldea en la falda de una montaña. Un poblado pobre. La gente, de aspecto maltrecho, me miraba a medias tintas entre el desprecio y la alegría. Pasamos un par de semanas. Dos días antes de emprender el regreso, nada más levantarnos y sin comentarme nada, soltó a toda su familia que estaba embarazada. Aquel día decidieron organizar una barbacoa en el monte. Subimos todos contentos como celebrando el acontecimiento. Ya preparaban el fuego y la comida cuando encontré cuatro picas clavadas al suelo y en medio de ellas una mancha oscura. No me dio tiempo a preguntar. Me golpearon y me ataron a ellas. Ella, próxima matriarca, me sacrificó a su dios haciendo una incisión en mi bajo vientre. Solo recuerdo ver un Cóndor picoteando mis intestinos. Luego, la muerte.

No se juega

Estábamos rendidos. Horas con la furgoneta por carreteras vertiginosas en la Europa del este. Frio. Sin un triste lugar donde comer ni repostar. Llegamos a un viejo pueblo, donde a la entrada nos recibió una anciana vestida de negro. Nos detuvimos y chapurreando el idioma local, le preguntamos por un lugar donde comer. Ella se limitó a señalar con su huesuda mano.
Encontramos varias casas en ruinas y niños jugando con un balón blanco. Nos disponíamos a entrar en la única casa iluminada cuando Carlos me dijo que le había parecido ver que la pelota, era un cráneo, pero le convencí aludiendo a su agotamiento.
Prepararon la mesa. Los niños entraron. La madre nos dijo que tras la guerra, lo habían pasado mal. Uno de los niños empezó a golpear ligeramente a Carlos con un palo. La mujer gritó:
-¡Arkan! No se juega con la comida.
Me obligaron a ver como lo preparaban para luego comérselo. Yo conseguí escapar.

Abajo, en el trastero
Abajo, en el trastero a veces escucho ruidos. Entro con el miedo que tienen los niños cuando tienen que cruzar por un pasillo a oscuras. Palpo con la mano la pared en busca del interruptor de la luz y al encender, veo las puertas de los diferentes trasteros. Saco las llaves para abrir el mío, y cuando el lugar se llena con el tintineo de estas, la puerta que linda con la mía, emite un sonido extraño. Como si alguien la arañase por dentro. Subí para hablar con el vecino y decirle lo cruel que es tener animales encerrados en el trastero. Tenía mal aspecto. Como si se hubiese pasado los últimos días llorando. Tenía la televisión encendida, pero las imágenes no eran de un canal abierto si no de su trastero. Reconocía aquella estancia. Como reconocía a su mujer. En su cuerpo no había vida pero estaba caminando abajo, en el trastero. La primera persona infectada con el Letargo.

El orfanato ruso (Finalista del II certamen de terror Artgerust)Tras la guerra, las televisiones y canales de la red nos bombardeaban con anuncios que decían que adoptásemos un niño ruso. La violencia se había cebado especialmente con aquella región. Fuimos al mayor orfanato de Moscú, que a la vez ostentaba el título de, el más grande del mundo. Allí había miles de niños de corta edad. Todos con aparente buena salud y comportándose de manera poco habitual. No jugaban. Con nosotros, otras doscientas familias que se llevaban a sus nuevos hijos a un nuevo país. La directora del centro, de luctuoso negro nos atendió en nuestro idioma, y sin expresión alguna en su rostro, nos dijo lo emocionada que se sentía. Semanas más tarde, ya en casa me enteré de que ciento cincuenta de esas familias habían muerto asesinadas. Los únicos supervivientes habían sido los hijos adoptivos. Acabo de ver en frente de casa a la directora del centro y no oigo a mi mujer. Temo por mi vida.




Pesadilla
Los pueblos habían enmudecido. Habíamos regresado al Medievo. Cuando las personas tenían miedo a salir a la calle por miedo a contagiarse. Humo y cenizas por todos los rincones. El tiempo había desechado los coches y otros medios por falta de energía. Cuando pasaban los heraldos con sus instrumentos de viento, todos se escondían pues sabían de la llegada de los no muertos que se detenían en cada puerta, rascándolas con su macabro aspecto de chiflados putrefactos, esperando escuchar un gemido de pavor. Cuando lo escuchaban, asaltaban la vivienda y despedazaban a sus habitantes. Nunca estábamos seguros de su marcha tras las masacres. Una vez en un edificio alto, uno quedó rezagado, y cuando una familia salió de su casa la bestia se abalanzó sobre ellos por la espalda mordiendo y mutilándolos a todos. El pánico se apoderó de todos y las ansias por escapar produjo imágenes dantescas, como la de un padre entregar a su hijo para salvarse él.

16 nov. 2011

Ambiente literario

Cuando me inicié en el mundo de la escritura me flipé. Si. Es cierto. Si tu a un niño le das un Harry Potter, buscará una varita mágica y jugará a ser mago. Si le das unos Transformers, soñará con aventuras robóticas. A mí me dio por la escritura, y soñé con tertulias en cafeterías con gente muy maja. Con grandes escritores debatiendo sobre el futuro de los libros, o sobre personajes… el tema está en que hice mis cosillas anónimamente claro y seguía soñando con ser un gran escritor. Mientras muchos leían El Señor de los anillos de Tolkien, yo leía Cartas. Un libro sobre la correspondencia privada de Tolkien, que me hacía soñar que me escribía con la gente que me rodeaba y les explicaba sobre historias, y les pedía opinión. Hasta que llegó el universo 2.0. Las redes sociales.

Y allí encontré a un singular grupo de gente. Editores, autores, promotores, lectores. Un sencillo grupo tal como @Edelvives, cuyo trabajo no hace falta nombrar ya que la reputación de la marca es suficiente. @Carmesina, la protagonista de una serie de libros mágicos, de esos que te llenan el alma y la mente de colores. Como son, Los Colores Olvidados y La inspiración dormida. @pixel_moon Unos magníficos editores que hacen libros mágicos como Urki, Más allá del bosque. Una aplicación con videojuego incorporado y otras cosillas, que hace las delicias de los niños haciendo más amena la lectura. Y por último pero no menos importante, tenemos a @CuentosBastian y @Matildalibros que realizan una importante obra de promoción y divulgación de la literatura infantil, con sus blogs y actividades.

Estoy contento de haberlos conocido y de tener una buena relación. Hoy día, Twitter se ha convertido en mi cafetería favorita para realizar tertulias y los correos privados, me ayudan a seguir escribiendo. Gracias a estos avances y a este pequeño grupo de gente y a otros que no menciono, pero que están ahí siempre para apoyar lo que sea, puedo decir que mi sueño se ha hecho realidad. Más allá de haber publicado o no. De ser un superventas o no. Cosa que he de decir que no considero importante. Más allá de luchas por sacar la gran tajada. Tenemos un grupito de gente que comparte una opinión. Los niños necesitan leer. Los niños necesitan ayuda. Y aquí estamos nosotros, para intentar hacer lo que podamos.

Desde este rinconcito literario, os mando un fuerte abrazo, y desconecto este blog una temporada para terminar un proyecto que tengo entre manos.

Hasta luego.