25 dic. 2011

Yahoo España denunciada por publicar falsas noticias

Numerosos usuarios de Yahoo España denuncian en sus comentarios lo absurdo de muchas noticias de este servicio de internet, y lo poco documentados que están sus colaboradores, a los que se les supone periodistas.
Entre muchos de esos artículos se encuentra el siguiente:
http://es.tv.yahoo.com/blogs/blog-de-tv/un-envejecido-macgyver-ya-no-puede-arreglar-solo-090513302.html
En el que se menciona que el actor y productor Richard Dean Anderson que: "La estrella hizo un paréntesis profesional entre 1997 y 2004 y, como no gozaba del 'sex-appeal' de antaño, se quedó en casita esperando ofertas."
Cuando en realidad estuvo protagonizando y produciendo entre 1997 y 2007 una de las mejores series de ciencia ficción junto con tres películas de la franquicia Stargate.


Los usuarios, indignados por criticar, que el actor no supiese reparar una avería en su coche dijeron cosas así:
Estimado electroduende; por que no te electrocutas de una vez en lugar de escribir estupideces por aburrido y mediocre...? por hacer esto te pagan...? vaya, vaya, que facil se la llevan algunos "pavasos"...!!
o
Soy periodista y con la propiedad de ser un profesional de la comunicación puedo decir que resulta indignante cuando se utiliza el ejercicio periodístico de la manera como se ha manejado en esta información. Lo que más me regocija es que sea el público quien mayoritariamente haya criticado la conducta del redactor, exigiendo mayor calidad y responsabilidad en los contenidos emitidos. La carencia de principios morales, resentimiento social y/o baja autoestima del autor podrían ser las posibles causas de este innecesario ensañamiento. Es esta reacción de contraloría social, en este caso hecha manifiesta de forma espontánea por los lectores, la que debe establecer cotos en el comportamiento de cualquier profesional, en el área que sea.


Para colmo de males, se atreven a ridiculizar a los lectores de la web con este ridículo artículo.
http://es.noticias.yahoo.com/los-zombis-que-sembraron-el-p%C3%A1nico--la-indignaci%C3%B3n-y-alguna-risa.html

En el que los usuarios dijeron cosas como:
Otra bobada de noticia para justificaros lo mediocres redactores que sois, encima acusais de causar alarma general gracias a vuestras estúpidas noticias que cagais de vez en cuando.
Donde hay que hechar el curriculum para tocarse las narices inventando bobadas de estas, que hay cuatro millones de ciudadanos de este país que les interesaria currar mejor que vosotros.


¿Qué Yahoo España? ¿Sienta bien? Utilizar falsos titulares debería estar penado. Hacéis perder el tiempo a la gente que busca informarse con titulares que llaman la atención pero que están vacíos de contenido.
Espero y deseo o bien que cambiéis o que cerréis de una vez. Sois como el Telecinco de la red.

17 dic. 2011

Hoy he tenido un sueño (con el MIBA)

Hoy he tenido un sueño. Dejadme que os explique.

Me encontraba en medio de la plaza Sant Jaume de Barcelona. Observaba. Centenares de personas, quizás miles, pasaban ante mí distraídos en sus quehaceres mentales.

Cerraba los ojos y continuaba viendo a estas personas. Todo había cambiado. Ahora todo era en blanco y negro, salvo las personas que emanaban una especie de destello de color rojo intenso. Y es que los pensamientos y preocupaciones de estos se manifestaban de esta manera.

Pasaba alguien en un coche oficial. Su destello era azulado. Como suele serlo en las personas que no tienen problemas. Me agobiaba y necesitaba evadirme.

Así que me metí en la calle Ciutat.

A lo lejos pude ver unas banderolas blancas en las que ponía MIBA Museo de las ideas y los inventos de Barcelona. Justo a la entrada, el suelo acristalado desde donde podía verse la planta inferior, me trajo a la mente mi miedo a las alturas. Pero pensé:

Si no avanzas, no entrarás. Y si no entras, no avanzarás.

Tras ver una muestra de los inventos más prácticos y curiosos, accedí al museo. Un tobogán invitaba a lanzarte a lo desconocido.

Había un rincón donde padres e hijos se devanaban los sesos intentando plasmar una idea. Un aula llena de gente deseosa de emprender y cambiar este mundo que nos consume a todos. Y un sinfín de curiosos revoloteando, riendo y curioseando.

De pronto, el museo empezaba a girar en torno a mí. Cada vez más rápido. Cerré los ojos para evitar marearme. Y vi de nuevo a la gente. Esta vez desprendían todos, un destello azul de paz y tranquilidad.

Abrí los ojos.

El MIBA había crecido. Se había convertido en un centro mundial para el desarrollo de la felicidad. Habían pasado los años y se había colocado como referente para creadores, inventores y pensadores. Para los que era obligatorio peregrinar de vez en cuando a reciclar sus ideas. Ahora disponía de una de las mejores bibliotecas electrónicas del planeta. Departamentos para la mejora continua de ideas ya implantadas en nuestra forma de vida. Laboratorios y talleres a los que las empresas acudían en busca de ayuda.

Era un hervidero de ideas y trabajo, con gente moviéndose de aquí para allá, ocupando el espacio de lo que antes habían sido edificios que la crisis obligó a abandonar.

Salí a la calle. El cielo era de un azul intenso. Los coches, por fin volaban y lo más importante. La gente era feliz.



El primer contacto (basado en una historia real)


El tiempo le otorgaría un carácter detallista que pasaría desapercibido a ojos de los demás. Pero por el momento, allí estaba. Recién llegado al pueblo, con apenas catorce años, en la acera de enfrente del cine.

Un grupo de chicas apareció por la esquina y se colocó en la cola.

Él, nervioso, se encendió un cigarro. Dio dos caladas, y se preguntó si esa actitud no sería demasiado chulesca. Respondiéndose a sí mismo que lo era, arrojó el pitillo al suelo y lo apagó.

Una de las chicas a las que había conocido días antes en el colegio se le acercó e invitó a unirse al grupo, presentándole a las demás.

Aquella noche se estrenaba Alien 3. ¿Quién iba a pensar que podría surgir el romanticismo?

Él. Zurdo. Se sentó a la derecha de ella, que era diestra. Se conocían solo de vista. Se sonrieron.

Minutos más tarde, la teniente Helen Ripley tenía una pesadilla en el centro médico de Fiorina 161. Y ellos no terminaban de encontrar la postura cómoda en la butaca. El brazo de él chocaba con el de ella. Tomó la decisión de pasar su brazo por detrás del de ella.

Al rato, una escena de un preso limpiando la zona del comedor donde la criatura alienígena había terminado con otro, iluminaba dos manos entrelazadas.

No se miraron. No se dirigieron palabra alguna.

Terminó la película.

Él se levantó y se fue a la salida solo. Ella esperó a sus amigas para salir juntas. Él se despidió una a una, según dictaban los protocolos sociales. Dos besos. Salvo con ella. Dos besos, un roce de manos y una mirada cómplice de ella a él.

Casi veinte años, una boda y dos hijas más tarde. Paseaban por las Ramblas de Barcelona. Entraron en El Camello. Una tienda barra mercadillo que a él le recordaba mucho a las calles que aparecen en Blade Runner, solo que con más iluminación.

Encontró una camiseta en la que ponía USCSS NOSTROMO.

Él la compró. Ella le llamó friki, primero. Luego corrigió sus palabras y lo llamó culturalmente disperso.

¿Recordáis el carácter detallista que pasaría desapercibido a ojos de los demás?

Ella nunca pensó, que el acto de comprar la camiseta con el logotipo de la nave estelar de la primera película, era un homenaje a uno de los días más felices de su vida. Un día que él siempre tenía presente. El día en que sus manos se tocaron por primera vez.

14 dic. 2011

Escritura creativa (microrrelato)

El anuncio era claro. “Taller de escritura creativa: una sola tarde. 10€ por persona. Se ruega confirmar asistencia”.

No lo pensé dos veces. Necesitaba aprender más. Mis últimos relatos habían sido como poco, basura. Necesitaba alimentarme del producto mental de un profesional.

El lugar estaba en el barrio de Ciutat Vella. Disimulado entre las góticas callejuelas repletas de extranjeros, de esos que van entintados con el típico moreno tipo gamba, los pantalones cortos y calzados con sandalias marrones y calcetines blancos.

Disfruté mucho sumergiéndome en toda aquella dimensión paralela de la realidad de Barcelona.

Antes de entrar, me detuve a contemplar las columnas romanas que hay en lo que parece, el patio de luces del Centro Excursionista de Cataluña. Siempre me han impresionado.

Continué mi camino girando por aquí y por allá, hasta llegar a un pequeño local. Una planta baja completamente abierta al público. Una ventana abierta me permitió ver charlando de manera bastante vehemente al que más tarde conocería como el maestro del taller.

Su acento argentino, me puso a la defensiva.

En la puerta, una pequeña mesa de diseño blanca en la que solo había una caja de caudales de esas que tienen un ansa en la tapa. Estaba estratégicamente colocada a modo de peaje.

Al otro lado de esta, una muchacha de piel pálida, pelo negro, rizado y adornado con una cinta roja y gafas de pasta, que masticaba un chicle de fresa con la boca exageradamente abierta, repetía:

-“Son diez Euros. No se devolverá el dinero si no queda satisfecho”- sin tener la educación de mirarte a la cara. Era como si el esmalte de sus uñas tuviera una conversación más interesante.

Pagué. Lo que me permitió pasar al interior de la sala.

Algo austera en decoración, tan solo contaba con diez sillas plegables de madera, y una especie de encimera de cocina. El resto eran lámparas halógenas que apenas iluminaban las paredes pintadas de blanco.

La sala apenas se llenó cuando el maestro, de nombre Félix salió del baño y empezó a soltar su discurso.

-Mi nombre es Félix. Encantado- Dijo arrastrando la última a –Y voy a ser su chef literario, en esta noche de escritura creativa.

Acto seguido, sacó del interior de la encimera, un plato blanco y plano. Y otras cosas que en principio no distinguí por la distancia.

El “chef” se puso a trabajar. Lo vimos atareado colocando algo sobre el plato. Algo minúsculo e imperceptible desde nuestras sillas, que quedaban algo por debajo de su nivel. Luego cogió un bote de tinta caligráfica, y en principio no sabemos que hizo con ella, pero hizo un par de gestos muy exagerados con sus brazos.

Apenas había pasado un minuto desde que inició lo que fuera que estaba haciendo cuando nos espetó con un:

-¡Voila! Cuando sean ustedes capaces de realizar algo así, serán dignos de ser llamados escritores-.

Cogió el plato y se lo pasó a una chica que estaba en primera fila, y lo miraba con una inmensa sonrisa y los ojos bien abiertos. El plato pasó por las manos de todos los asistentes. Y todos ellos se admiraban de lo que veían.

Cuando me llegó a mí, solo vi la frase: “Soy el Dios de ustedes. Admiren mi obra” escrita con pasta de sopa de letras. Un poco más abajo, dos rayas de tinta remataban la faena.

Levanté la mirada y encontré a los otros cuatro asistentes maravillados y agasajando al autor, el cual se dejaba querer.

Solté el plato, que se deshizo en mil pedazos al tocar el suelo. Y me fui.

Allí busqué alimento para mi mente y creatividad. Y encontré alimento para mi ira. Y la creatividad necesaria para buscar al menos dos formas diferentes de darle su merecido al timador ese.

Me timaron diez Euros. Pero con ellos compré la precaución para no ser engañado de nuevo, y la creatividad necesaria para escribir una nueva basura. Esta vez en forma de anécdota.