17 dic. 2011

Hoy he tenido un sueño (con el MIBA)

Hoy he tenido un sueño. Dejadme que os explique.

Me encontraba en medio de la plaza Sant Jaume de Barcelona. Observaba. Centenares de personas, quizás miles, pasaban ante mí distraídos en sus quehaceres mentales.

Cerraba los ojos y continuaba viendo a estas personas. Todo había cambiado. Ahora todo era en blanco y negro, salvo las personas que emanaban una especie de destello de color rojo intenso. Y es que los pensamientos y preocupaciones de estos se manifestaban de esta manera.

Pasaba alguien en un coche oficial. Su destello era azulado. Como suele serlo en las personas que no tienen problemas. Me agobiaba y necesitaba evadirme.

Así que me metí en la calle Ciutat.

A lo lejos pude ver unas banderolas blancas en las que ponía MIBA Museo de las ideas y los inventos de Barcelona. Justo a la entrada, el suelo acristalado desde donde podía verse la planta inferior, me trajo a la mente mi miedo a las alturas. Pero pensé:

Si no avanzas, no entrarás. Y si no entras, no avanzarás.

Tras ver una muestra de los inventos más prácticos y curiosos, accedí al museo. Un tobogán invitaba a lanzarte a lo desconocido.

Había un rincón donde padres e hijos se devanaban los sesos intentando plasmar una idea. Un aula llena de gente deseosa de emprender y cambiar este mundo que nos consume a todos. Y un sinfín de curiosos revoloteando, riendo y curioseando.

De pronto, el museo empezaba a girar en torno a mí. Cada vez más rápido. Cerré los ojos para evitar marearme. Y vi de nuevo a la gente. Esta vez desprendían todos, un destello azul de paz y tranquilidad.

Abrí los ojos.

El MIBA había crecido. Se había convertido en un centro mundial para el desarrollo de la felicidad. Habían pasado los años y se había colocado como referente para creadores, inventores y pensadores. Para los que era obligatorio peregrinar de vez en cuando a reciclar sus ideas. Ahora disponía de una de las mejores bibliotecas electrónicas del planeta. Departamentos para la mejora continua de ideas ya implantadas en nuestra forma de vida. Laboratorios y talleres a los que las empresas acudían en busca de ayuda.

Era un hervidero de ideas y trabajo, con gente moviéndose de aquí para allá, ocupando el espacio de lo que antes habían sido edificios que la crisis obligó a abandonar.

Salí a la calle. El cielo era de un azul intenso. Los coches, por fin volaban y lo más importante. La gente era feliz.



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