26 ene. 2012

El hombre y la pluma

Erase una vez un hombre que, pese a no haber escrito ni publicado nada, se consideraba escritor. Este ansiaba con vehemencia escribir la mayor historia jamás contada por un ser humano. Evidentemente era todo un soñador. Y como tal se creía un escritor muy clásico. De los de pluma estilográfica.


Entró en su estudio y colocó papel sobre el escritorio. Era papel de calidad comprado a peso en la mejor papelería de Barcelona.

Abrió el primer cajón y sacó de él varias cajitas que dispuso sobre la mesa. Una a una, las abrió y se las quedó contemplando. En cada una de ellas había una pluma.

Esperó largo rato. Se dijo a sí mismo que una de aquellas plumas le enviaría una señal, y aquella sería la herramienta perfecta para su perfecta obra.

Al cabo de una hora, eligió la pluma que en su momento le regaló su esposa. La herramienta de escritor con mayor valor sentimental según él. Y se dijo que aquella debería ser señal suficiente. Una gran historia impelida por la fuerza del amor sincero.

Preparado ya para emprender el viaje al mundo de la imaginación, quiso escribir primero su nombre y la fecha para dejar constancia.

Sujetando la pluma con su mano izquierda, pues nuestro querido escritor era zurdo, empezó a trazar su nombre sobre la primera hoja de gran calidad.

A la segunda letra, la punta de la pluma se entre abrió y dejó salir gran cantidad de tinta, echando a perder el manuscrito.

Sorprendido y antes de estropear cualquier otra hoja, intentó escribir de nuevo con idéntico resultado. La pluma era defectuosa sentenció. Así que seleccionó una segunda pluma y una nueva hoja que quedó manchada de tinta como la primera.

La duda plantó una semilla en su orgullo que creció rápidamente hasta convertirse en agobio. ¿Estarían todas las plumas en malas condiciones? ¿Había olvidado las dos o tres clases en las que el profesor de literatura de E.G.B les obligó a comprar una estilográfica de cartucho para aprender?

Abrumado por la situación, decidió dejarlo hasta encontrar un día en el que las preocupaciones familiares y seglares no le desconcentrasen.

Pasaron los días y en cada uno de ellos, intentó escribir con diversas plumas. Invirtió mucho dinero en ellas, pero ninguna le funcionó. La pequeña semilla en su orgullo ya era todo un árbol crecido y con profundas raíces. Todo tipo de ideas pasaron por su mente. Decidió dejar de escribir por una temporada. Al regresar, le sucedía lo mismo. Decidió entonces dejar su trabajo. Se dijo que si soltaba un poco de lastre en su vida y en su mente, quizás podría escribir aquella buena historia que estaba seguro que podría escribir. No resultó.

Con el tiempo decidió, muy a su pesar, dejar temporalmente sus obligaciones familiares. Pero tampoco surgió efecto. Las puntas de las plumas se le doblaban o se le rompían dejando grandes cantidades de tinta por un papel, que ya no era de tan buena calidad debido a sus escasos ingresos.

Su orgullo le indicaba que tenía que dejar el mundo en el que vivía. Marcharse lejos. Emprender un viaje. Tantos años en el mundo real, tantos años solucionando los problemas diarios de la vida, lo habían apartado de sí mismo. Necesitaba encontrarse. Retomar su realidad. Así que agarró las que consideraba eran sus mejores plumas. Cogió algo de dinero que tenía ahorrado y junto con unos cuantos cuadernos se marchó de casa en busca de su espíritu.

Viajó de aquí para allá. Visitó los países más pintorescos y los menos favorecidos.

Allí donde iba, buscaba consejo espiritual. Probó con todo tipo de religiones y filosofías. De escuelas y sectas. De eruditos y santos. Pero no encontraba respuesta alguna así que decidió regresar.

Estaba a punto de llegar a casa, cuando se topó con uno de los que, antes de su crisis personal, habían sido sus mejores amigos.

Tras los saludos de rigor, el “escritor” le expuso su caso.

Este amigo, al cual conocía desde que eran pequeños le dio en un momento la respuesta.

-Te has dejado llevar por el orgullo y has fracasado en tus intenciones. Te sentiste herido porque pensabas que no sabías escribir con pluma y decidiste que todo te sobraba. Cambiaste tu objetivo principal de escribir la mejor historia jamás contada por el hombre, por un objetivo falso que era encontrar la respuesta al motivo por el cual tus plumas no escribían bien. Regresa a casa. Date una buena ducha. Pide perdón a los tuyos y descansa bien. Mañana nos encontraremos aquí.

Así, el hombre llegó a su casa. Abrazó a su familia, les pidió perdón y se dio una reconfortante ducha. Aquella noche durmió como un bebé.

Al día siguiente acudió a la cita con su amigo. El de toda la vida. Este le entregó un paquetito muy bien envuelto en un papel elegido con buen gusto.

-Ábrelo- dijo el amigo. Cosa que hizo.


-¿Una pluma?


-No es una pluma cualquiera. Es la solución a tu objetivo secundario. De esta forma podrás dedicarte a lo que realmente importa. Cuidar de tu familia, llenarte con tu trabajo y escribir. Tus metas poco realistas te han hecho vivir una aventura, pero te han desviado de tu camino. Cuando escribías, empujabas la pluma en lugar de tirar de ella, porque eres zurdo y las plumas normales están hechas para diestros. Así enterrabas en el papel o clavabas la punta de vez en cuando y la tinta no salía como debía. Pero tu orgullo te engañó y te dijo que eras tú mismo el que no servía para escribir. Te obsesionaste con el medio con el cual escribir cuando podrías haber utilizado cualquier otra cosa. Con esta pluma para zurdos podrás escribir bien. Así que ve a escribir. Escribe lo que te ha sucedido. El que compre tu historia, no solo habrá invertido en una buena historia, si no en un buen consejo.

De esta forma el “escritor” se convirtió en escritor.

Y su historia la terminó de la siguiente manera:

“No hay mayor sabiduría que la de aquellos que mejor te conocen. Gracias amigo.”

10 comentarios:

  1. Qué chulo! y qué cierto... nos empeñamos en darle demasiadas vueltas a las cosas y dejamos otras de lado...

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  2. Esta muy currado aunque el tio ademas de zurdo era un poco torpe,
    por cierto no se si puedes cambiar los colores de los enunciados de la web,porque verde sobre verde no se ve muy bien. un saludo

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  3. Muy bonito, Sir Arthur. Y muy sensible. Te me amariconas por momentos, lo cual no sé si es motivo de preocupación o de alegría. Sigue escribiendo, que nos das un motivo para leer. Besos y abrazos

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  4. Gracias por los comentarios. Que los leáis me anima a escribir.

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  5. Dani, dile a tu escritor que mejor le de a la tecla que esa no mancha papel. Muy ingenioso.

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  6. Eso hace desde algún tiempo. Por cierto. Es verdad. Un amigo me dijo no hace mucho porqué rompía mis plumas.

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  7. anaernandez. Muy bien, si señor, me has dejado de piedra, es una historia muy bonita que desde el primer momento engancha, quieres saber qué es lo que pasa, por qué no puede escribir...me ha gustado mucho....un beso y enhorabuena!!!

    por cierto, la verdad es que cosas como esta pasan todos los días, ojalá todos nos encontráramos con ese amigo y nos reglara una pluma ;)))

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  8. Muy buen relato, Dani. Ya sabes que desde hace tiempo quería decírtelo, pero es una historia muy bien contada, cierta y que a muchos nos suena demasiado ;o)
    Sigue escribiendo!

    Pamela F.

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  9. Muchas gracias Pam. Por fin has podido comentar. De nuevo muchas gracias.

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