1 ene. 2012

Primer Contacto (Presentado al 47 premio internacional de cuentos Miguel de Unamuno)

"En vista de que la dirección de estos premios no ha cumplido con las bases establecidas y no se ha pronunciado sobre el premio. Y como seguro que este relato no ha sido premiado. Os lo dejo aquí. Es largo lo sé. Pero es lo que tiene ser escritor, uno escribe y otros leen."


Sucedió una mañana de agosto.
Pese a que somos más de ir a la Costa Brava, de vez en cuando visitamos una playa en Cunit. Apenas cubre el agua, la arena es fina, ideal para hacer construcciones. Vamos. Un paraíso para las niñas.
Estaba parcialmente nublado y la temperatura era agradable. A media tarde se levantó un fuerte viento y se empezó a escuchar un sonido fuerte como el de un trueno, pero sin estallido. Era constante. Empezamos a escuchar también sonidos de sirenas, aunque debido a lo estrecho del acceso a la playa tardamos en ver, primero el coche de la policía local y luego varios todo terrenos, embarcaciones y helicópteros del ejército. Fuese lo que fuese lo que estaba sucediendo, las fuerzas de seguridad del estado estaban al corriente y estaban actuando.
Por megafonía nos avisaban de la llegada de un tsunami y nos apresuraban a evacuar la playa. No les creíamos. El oleaje empezaba a ser fuerte y el nivel del agua no bajaba de forma exagerada como sucede en esos casos. Debía tratarse de otra cosa. ¿Maniobras del ejercito quizás?
Algunos soldados que ya estaban distribuidos por la playa empezaron a mirar al cielo en dirección al mar. Los primeros instantes fueron de asombro. El megáfono dejó de emitir sus estridentes mensajes, los militares se detuvieron. Ahora en la lejanía del tiempo me recuerdo a mí mismo con las manos en la cabeza y la boca abierta, y a mi mujer con la pequeña en brazos y la mayor agarrada a su costado derecho.
Luego. Gritos y carreras desesperadas de los que se pusieron en lo peor. Los que siempre habíamos soñado con el primer contacto nos quedamos.
Invité a mi mujer y a las niñas a esperar mientras subía al espigón a grabar con mi cámara el histórico acontecimiento.
Me preguntaba qué nivel de decepción sentirían los americanos al ver que la primera vez que la humanidad entraba en contacto con una civilización extraterrestre, sucedía en territorio español. Esta vez veríamos alienígenas y no estaban muertos, ni eran de corcho.
El objeto descendía verticalmente y cada vez se distinguía mejor. Era similar a uno de nuestros transbordadores espaciales STS solo que unas cinco veces más grande y ancho. Tenía también dos reactores similares a los que permitían el despegue vertical de los Harrier. Lo que más llamaba la atención, por si el hecho de ser una nave alienígena no fuera suficiente, era su color dorado y brillante. Similar a un espejo.
Por fin se detuvo a unos doscientos metros de altura y a unos quinientos de la playa. Los propulsores levantaban gran cantidad de agua, pero aún así se podía ver perfectamente.
Vimos movimiento en la parte superior de la nave. Semanas después supimos que las placas superiores giraban sobre sí mismas y dejaban al descubierto paneles solares fotovoltaicos que aprovechaban el cien por cien de la energía solar. Los propulsores verticales se detuvieron y el sonido continuo del trueno, dejó paso a un ruido suave. Como eléctrico. Se trataba de una especie de propulsor electromagnético.
La nave empezó a desplazarse lentamente hacia nosotros. Los militares empezaron a ponerse nerviosos y desplegaron todo tipo de armas manuales sobre la arena y un par de camiones desplegaron sus baterías de misiles. No lo pensé dos veces y me reuní con mi mujer y mis hijas. El teléfono empezó a sonar. Era mi madre. Preguntaba si estábamos bien. Que estaba viendo todo por la televisión. Le contesté y colgué. Sonó de nuevo. Esta vez era mi suegra diciendo lo mismo. La tranquilicé y colgué.
A cien metros la nave se detuvo y de su parte delantera se separó una plataforma sobre la que viajaban cinco figuras humanoides. La plataforma llegó a la playa, pero no tomó tierra. Quedó parada sobre el agua. Las figuras, definitivamente eran humanas. O eso me parecía desde mi posición a su izquierda. El que lideraba el grupo, se tocó el cuello con la mano derecha y empezó a hablar. En ese mismo instante, la plataforma reproducía sus palabras con la voz amplificada.
-Ciudadanos del mundo. No temáis. Estamos aquí para traeros un mensaje de esperanza y prosperidad.
Una lancha con un alto mando del ejército se acercó a la plataforma que descendió al nivel del agua. Los tripulantes se saludaron y cuatro de los recién llegados subieron a la embarcación.
En la explanada del parking les esperaba un helicóptero que despegó en dirección a Barcelona cuando todos estuvieron a bordo.
Los siguientes días fueron de incertidumbre. Las noticias repetían una y otra vez las imágenes de varios aficionados entre las cuales se encontraban las que había filmado yo. A estas se le iban sumando noticias y nuevos comentarios, con los que nos enteramos de que el helicóptero había aterrizado en el cuartel del Bruch en Barcelona y que a los recién llegados se les había alojado en el Princesa Sofía, desde donde su Majestad el Rey Don Felipe VI de Borbón se dirigió en rueda de prensa a toda la población mundial.
Con un discurso cuidado y pausado, su Majestad nos informó, para decepción de todos aquellos que alguna vez habíamos soñado con tener un encuentro en la tercera fase, de que no se trataba de seres alienígenas, aunque técnicamente si eran extraterrestres.
Dejó paso al comandante de la misión de los recién llegados, que empezó con idénticas palabras que su majestad.
-Ciudadanos del mundo. Lamentamos profundamente haberos llevado a confusión con nuestra presencia aquí. No deseamos importunaros. Mi nombre es Héctor. Soy el comandante de la nave Intrepid, de la Federación de este sistema solar. Naceré de cien años en la decimoquinta colonia de Marte. Y veinte años más tarde la vida en el planeta Tierra se extinguirá.- Un rumor empezó a elevarse entre los que estaban en la sala.- Pero estamos aquí para intentar salvar a cuantos más mejor. Os traemos la tecnología necesaria para erradicar los problemas actuales del planeta e iniciar en breve la colonización de Marte. Estamos seguros de que si adelantamos la colonización unos cincuenta años, salvaremos a los cerca de diez mil millones de habitantes que habrá por entonces. Para vuestra tranquilidad, quiero que sepáis que la vida en Marte en mi tiempo, es casi perfecta. El planeta está totalmente terraformado. Cuenta con vegetación, fauna y flora. No precisamos de las cúpulas originales ni de los módulos, aunque si necesitamos de las torres de oxigenación. Unos aparatos que generan la atmósfera necesaria para vivir.-
La rueda de prensa finalizó con la explicación científica de la desaparición de la vida en la Tierra. Por lo visto un exceso en la presión en las calderas de los mega volcanes de Yellowstone y Campi Flegrei en Italia generó una serie de explosiones devastadoras empeoradas por los intentos fallidos de detener las erupciones volcánicas utilizando armas nucleares. En dos años, la ceniza volcánica bloqueó la luz del sol haciendo que la Tierra entrara en un invierno volcánico, provocando un repentino descenso de las temperaturas en todo el planeta. En poco tiempo la vida en el planeta dejó de existir.
Durante las siguientes semanas supimos que tanto la nave como un contingente internacional del ejército, se desplazaron al desierto de los Monegros, donde establecieron la primera base internacional para la colonización de Marte. En apenas un mes, se habían levantado edificios y campamentos. Por nuestra parte, los civiles empezamos a ver mejoras en los campos de la medicina, con la erradicación de todas las enfermedades. Ahora la gente moría de viejo y sin sufrimiento. Nos enseñaron como construir propulsores electromagnéticos con lo que la polución producida por los coches desapareció. Nos dieron los mecanismos necesarios para construir depuradoras de aire para las chimeneas de la industria, y se construyeron varias torres de oxigenación. La criminalidad desapareció. Los bosques y selvas se repoblaron y nos enseñaron formas de cultivo más eficientes. Se pidieron voluntarios tanto para ser formados para la primera colonización, como para trabajar en las estaciones de Tierra. Los visitantes dejaron bien claro que se tenía que separar a los civiles de los militares. Sus técnicas de construcción reducían considerablemente el tiempo y en pocos meses se construyó el primer transbordador con capacidad de aterrizar en cualquier lugar del espacio de consistencia sólida. No había pasado un año desde el primer contacto cuando los primeros colonos llegaron a Marte. Era un contingente de militares y otro de trabajadores que montaron las primeras estaciones a modo de viviendas y la primera cúpula. Le sucedieron intervenciones para montar las torres, más viviendas y más cúpulas. Luego las líneas de comunicación, y una estación puerto con un transbordador de grandes dimensiones.
La división entre militares y civiles no tardó en dar problemas. En Marte había ya unos seis mil millones de personas y en la Tierra éramos muy pocos. Solo los que teníamos responsabilidades en las estaciones de trabajo. Pronto se extendió por las colonias marcianas el germen de la independencia. Pese a que disponíamos de la ayuda de los viajeros del tiempo, nunca se metieron en temas políticos y dejaban a los gobiernos hacer de las suyas. Cansados de gobiernos infructíferos, los civiles de Marte empezaron a revelarse contra las autoridades.
Tan solo cinco años después del primer contacto y cuatro desde la primera colonia, se inició una guerra civil en Marte. Los gobiernos humanos en la Tierra, formados en su totalidad por estamentos militares, se desplazaron en masa al antiguo planeta rojo con la intención de aplacar la revolución.
En Marte, se convocó una lista de personalidades para subir a bordo del transbordador y este despegó con novecientas treinta personas a bordo en dirección a la Tierra. Dos días después, en una reunión entre los líderes de la revolución y los mandatarios militares, estalló un explosivo nuclear que provocó una reacción en cadena mediante las torres de oxigenación. Toda vida en Marte quedó arrasada por el fuego. No quedó nada ni nadie.
Habíamos sido engañados, utilizados, colonizados y finalmente diezmados. Los visitantes no venían del futuro. Ni siquiera venían del planeta rojo.
Nos habían estado estudiando durante años. Nos conocían. Sabían cual era nuestro punto débil. El ansia de poder de unos, y el espíritu de rebeldía de otros. Diferenciando bien esos aspectos de la especie humana, alimentándolos con el instinto de supervivencia y propiciando todos los mecanismos para que cada facción viese justificación en sus actos, solo tuvieron que esperar unos pocos años y nosotros mismos, nos convertiríamos en nuestros propios ejecutores.
La especie humana se había reducido a no más de ciento ochenta mil personas. Un puñado de familias a las que se nos permite vivir tranquilamente bajo nuestras propias leyes.
El mundo ha cambiado. Los visitantes no son muchos más que nosotros. Pero vivimos en perfecta armonía. Pese a la crueldad de sus actos, no podemos reprocharles nada. Han mejorado nuestra calidad de vida, han repoblado el planeta convirtiéndolo en un hermoso paraíso terrestre. Nos han dado las herramientas para expandirnos por el espacio. Y nos han enseñado como vivir de una forma correcta. Nos engañaron. Es cierto. Pero apelaron a los peores sentimientos que los humanos cultivamos en nuestro interior. El egoísmo, la violencia, el amor por las riquezas, el afán de protagonismo. Acabamos siendo nosotros mismos quienes nos destruimos.
Ahora. Veinte años después del desastre. Vivimos en paz. Con nosotros y con un sinfín de especies que estamos conociendo y que han pasado por situaciones semejantes. Apenas conocemos nada de estos seres humanoides que llegaron con cuentos sobre volcanes y destrucción. Sabemos que van buscando mundos en peligro de extinción y los rescatan. Son como los guardas forestales del universo. No les guardo rencor. Ahora somos prósperos. La humanidad se extiende ya por dos mundos similares a la Tierra, donde convivimos con especies similares. El año que viene nacerá el primer humano híbrido. Y afortunadamente. Gracias a nuestros salvadores, este nuevo ser, me llamará abuelo.
En Nueva Barcelona a 3 de Octubre 2036           Fin de la transmisión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario