6 feb. 2012

El sincero escritor

El joven y prometedor escritor Arthur L. Phelton había pasado un día horrible. Migrañas, nervios. La mediocridad de su hogar y su educación estrictamente moral, lo habían conducido a ingeniar a la fuerza y para intentar sobrevivir, pequeños relatos que eran publicados en el diario de la ciudad. Era eso, o trabajar para la mafia trapicheando por las calles.
Aquella mañana, el director del periódico le había propuesto algo sumamente difícil. Escribir en tiempo record una novela.
Para impresionarlo y darle una muestra de lo que le esperaba si triunfaba en su cometido, se lo llevó a comer a uno de los restaurantes más caros de la ciudad. Allí, rodeado de lo más selecto de la sociedad de la gran y decadente urbe, le explicó los pormenores del contrato que firmarían cuando tuviera terminada la obra.
Arthur nunca había sido de elevados gustos. Más bien, era simple. De los que se conforman con cualquier cosa saludable para llevar a la boca. Y no precisaba nada más que como máximo, buscar un alquiler mejor que el sótano infecto, húmedo y sin ventanas en el que vivía actualmente. Mientras medio planeta luchaba en el frente de la gran guerra, él luchaba por sobrevivir en aquella ciudad que maltrataba a los que disponían de menos medios.
Aquella noche, el agotamiento pudo con él. Morfeo se introdujo en su hogar adoptando la forma de las voces de The Andrews sisters que salían de la radio.
Sentado en su sillón escuchaba la animada melodía de Bei Mir Bist Du Schön y poco a poco sus ojos se fueron cerrando.
Ya en el mundo de lo onírico se vio a sí mismo triunfando con un best seller que sorprendía a cuantos lo leían. Agarró el libro y lo devoró. La idea se mantuvo clara. Con ella regresaría al mundo real y escribiría su novela. Pero pronto se notó cambiar. Su alocado peinado juvenil y desaliñado se tornó en un engominado y repelente arreglo.
Sus andrajosos ropajes se transformaron en un traje de alta costura. Y empezó a sudar. Los poros de su piel emitían un viscoso líquido grisáceo que por lo visto nadie notaba salvo él mismo. Intentaba hablar y entablar conversaciones con la gente, pero de su boca solo salían los altivos deseos de un engreído. Trataba con desprecio a cuantos le rodeaban y estos no se molestaban en absoluto. Lo peor de todo llegó cuando el sumiller se le acercó en el restaurante más exclusivo del país y le sugirió el vino de la cena. No se lo podía creer. Entendía lo que le decía. Sabía de lo que hablaba. En ese mismo instante se le aceleró el corazón y empezó a faltarle el aire. La viscosidad gris que había empezado a emanar a modo de sudor, ahora lo cubría por completo y lo asfixiaba. Se había convertido en una abominación. Algo despreciable a su parecer, y a la vista de sus antepasados, a los que tenía en gran consideración.
Despertó empapado en sudor. Lo primero que hizo fue acercarse al espejo del baño y asegurarse que no había rastro del monstruo. Lo segundo. Llamar al director del periódico y anunciarle que dejaba de escribir. Regresó a su pueblo natal. A la casa de su tía, donde esperaría llevar una vida tranquila y simple.

4 comentarios:

  1. ¡Me gusta! Los demonios y monstruos del escritor que lo torturan... Muy bien buscado y muy bien encontrado. Y, especialmente, me ha gustado la atmósfera descriptiva que creas.

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  2. Oix... gracias. Las listas de Spotify que inspiran. Tarde de migraña y de papel en blanco.

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  3. Dani, me gusta mucho la metáfora que utilizas para hacer llegar al lector en lo que uno se puede llegar a convertir por alcanzar su sueño. Es un micro que da pie a continuar, lo único es las formas verbales que utilizas para cambiar de escenas, de pasado a presente a veces el lector se puede liar con estos cambios ( aunque a mi personalmente me gusta, yo en mis relatos lo utilizo mucho pero precisamente me critican los tiempos verbales). Trata de encontrar sustantivos más comunes por ejemplo en donde dices Onírico, supongo que te refieres en el mundo imaginativo o confuso. Me encanta el relato tiene un ritmo trepidante y te deja con la miel en los labios, vamos con ganas de seguir leyendo. Un abrazo compañero.

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  4. aix. Había contestado y he cerrado sin darle a Publicar. Hombre María G. Desde que empecé a escribir con 15 años me han llamado la atención por los tiempos verbales y he llegado a la conclusión de que soy incorregible. Con respecto a "el mundo de lo onírico" me refiero al mundo de los sueños. Muchas gracias por pasarte por aquí. Y gracias por el comentario. Que ayuda mucho.

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