5 jun. 2012

Las indirectas del dentista

Hola que tal. Así todo junto.


Los inconscientes que me seguís, sabréis por mi afición a decir tonterías en las redes sociales, que hace unas semanas que arrastro ciertas molestias con alguna de mis muelas del juicio.

El tema es que el dolor sobrehumano que padecía me obligó a acudir al dentista y me quedaron claras un par de cosas.

La primera es que, al igual que un buen plato de patatas fritas con huevos y chistorra no engorda, si no el que engorda es el que se lo cepilla; El dentista no te hace daño. El dolor lo llevas tú de serie a la consulta. Porque, seamos sinceros. Nadie acude al dentista a no ser que le duela la boca. Si no, no se explican tantos anuncios de sensibilidad dental con dentistas que para nada cuelan como actores. Son como los Jean Claude Van Damme de la ortodoncia. Son buenos en lo suyo, pero para nada buenos actores.

Bueno, al turrón. La segunda cosa que aprendí, es que en lo que sí se gastan buena parte de su mala leche es en las indirectas. Sí. Los dentistas calzan un sesenta y dos de mala baba. No se me ofenda ninguno por favor. Ahora argumento.

Como un chorro de gente más, soy alérgico a la Penicilina y a algunos derivados, con lo que cuando debemos medicarnos con antibióticos, nos recetan unos diferentes.

En este caso, la doctora (no olvidemos que los dentistas son médicos especialistas) me recetó una de esas alternativas.

Días más tarde he notado vértigos, náuseas, presión en el pecho, ansiedad, sensación de cansancio y una gran necesidad de matar a alguien a collejas.

Ayer noche cogí el prospecto del medicamento y empecé a leer:

Punto 4. Posibles efectos adversos:

Sabor metálico, alteración del sentido del gusto, náuseas, vómitos, dolor de estómago, diarrea, indigestión, anorexia (esto seguro que no me ha afectado), inflamación de la lengua, sensación de boca seca, inflamación de la mucosa de la boca, inflamación del páncreas, inflamación del intestino, bla bla bla, enfermedad degenerativa de los nervios periféricos, hormigueo en las manos, alteración del sentido del tacto, mareos, dolores de cabeza, convulsiones (podrían poner directamente, síntomas de posesión infernal) daño en el cerebro, encefalopatía, aparición repentina de movimiento muscular descoordinado (esto también me pasó), confusión, alucinaciones, depresión, dificultad para conciliar el sueño, comportamiento depresivo, visión doble, miopía, problemas en la sangre, problemas con el hígado, la piel, sangrado de nariz, sudor, presión en el pecho y sensación de frio en la boca.

Haber elegido muerte muchacho. Esto parece la lista de afecciones de un pastillero de discoteca.

La indirecta captada, el problema no es la infección, el problema soy yo. Ahora tengo miedo de ir al dentista. ¿Me tendrá en el punto de mira? ¿Me convertiré en un caso más de canibalismo que está tan de moda últimamente? ¿Qué opináis?

4 comentarios:

  1. Opino que eres muy divertido... ;)
    Hoy necesitaba reirme y lo has conseguido... Suertecilla!!

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  2. Sí, endiabladamente divertido, jajajaja...

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  3. Yo tengo que ir este jueves y si ya tenía pocas ganas, ahora menos... Pero, claro, el problema es mío y no de ellos con sus bisturís, sus agujas de anestesia, sus aparatos para abrir la boca y ahogarte en el intento, sus aparatitos varios que hacen un ruido horripilante, sus ademanes y sus miradas de "si esto no es nada". Y para colmo: 90 eurazos por una reconstrucción de no sé qué narices. Oiga si yo solo venía a empastarme un diente. Pues eso. Dos piedras y arreando. ¿Ha quedado suficientemente claro que no me gustan los dentistas?
    Silvia

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  4. Hija, has descrito a la perfección una abducción extraterrestre. Te ha faltado la sonda. Yo no me quejo porque como es extraer, lo hacen gratis. Ah, dentistas. Los mecánicos de la boca. Vas para un cambio de aceite y terminas haciendo frenos, embrague y motor. por lo menos el tuyo tiene cacharros que mantienen la boca abierta. El mío no, y el esfuerzo tiene miga. Prefiero atragantarme jejeje.
    Bueno. Muchas gracias por los comentarios. Animan mucho a seguir escribiendo idioteces.

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