20 jul. 2012

Tiempo de calidad para nuestros hijos ¿Cómo?

Me gustaría hablaros de un par de cosas relacionadas con la lectura y nuestros hijos.


No es novedad que el ser humano se haya acomodado tanto que necesite manuales para todo. A menudo lo que se escucha es ambiguo porque nadie se quiere mojar en opinar según qué cosas. Y otros no quieren escuchar según qué cosas aludiendo a la intimidad de la vida privada. Hoy me gustaría decir unas pocas de esas cosas. Sin impedimentos. Claro y sencillo. Y aunque las verdades duelan si hacemos un autoexamen veremos que es cierto. Puede que suene a bronca y para nada es la intención de este texto. Yo soy el primero que peca de todo lo que voy a mencionar.

¿Qué pasa con nuestros hijos? ¿Qué sucede con nosotros, los padres? Aprovecho que los críos están en periodo vacacional, porque en la mayoría de los casos eso significa algo de relax para los padres. El frenético ritmo de trabajo que llevamos la mayoría de los que podemos dar gracias por tenerlo, no hemos aprendido a desconectar. No voy a decir lo que se suele hacer, o lo que se podría hacer. Voy a decir lo que se está moralmente obligado a hacer.

¿Queréis entablar una relación más estrecha con vuestros hijos? ¿Queréis que estos sean mejores personas en un futuro?

Leed con ellos.

Vale. Ahora un aluvión de:

Que si cuando llego a casa estoy cansado o cansada, que si me paso todo el día trabajando y cuando llego a casa quiero un rato para mí. Que si necesito mi espacio…

Excusas. Temas de obligada meditación profunda. ¿Qué es para ti tu hijo? Yo te voy a decir lo que no es. No es tu amigo, al que le puedas decir cosas sin importar lo que crea o piense sólo para que te escuche. No es el hijo de otro, para que puedas limitar tu trato a las normas sociales de cortesía establecidas.

Tu hijo es una parte de ti. Es tu logro. Es ese juguete que tanto querías y cuidabas cuando eras pequeño. Un hijo es una expresión de amor al máximo nivel.

Uno puede estar hablando o corrigiéndolos. Puede enseñarles disciplina en el momento adecuado. Pero lo que más debe hacer un padre con sus hijos, es compartir momentos. Momentos íntimos. Momentos cómplices de camaradería y compañerismo. Retitos en los que ese producto que hemos elaborado tenga la suficiente libertad para dar su opinión abiertamente sin que una figura superior lo someta a su pensamiento.

¿Y qué mejor forma de hacerlo que compartiendo lectura?

1. Relájate al llegar a casa y desconecta mentalizándote de que vas a pasar unas horas con tus hijos. No los tomes como una molestia o algo que se interpone entre tú y tu descanso. Ellos no entienden nuestro ritmo de vida y no deben amoldarse a eso.

2. Buscad un buen libro en papel o electrónico. O una buena APP

3. Repasadla vosotros primero y percibid el mensaje que tiene

4. Leedlo con vuestros hijos. Podéis hacer que lo lean ellos teniendo paciencia, o leedlo vosotros. (Un consejo: Si lo leéis vosotros primero, quizás podríais hacer una lectura interpretada. Cuando un hijo ve a su padre hacer el payaso para él, se abre a ser más receptivo)

5. Hacedles preguntas. ¿Te ha gustado? ¿Qué te ha gustado o qué no? Una vez iniciada la conversación y a base de más preguntas puedes ver si tu hijo deduce correctamente por sus respuestas. También puedes ver lo que hay en su corazón, es decir, si le gusta el tipo de libro. Los hay que al ver tanta letra se agobian. Prueba un cómic, un tebeo, o una APP.

Pensad. A veces nuestros hijos nos piden sólo lo que ven. Y lo que ven se limita a su casa, la televisión y sus amistades.

Haced la prueba. Un día plegad del trabajo. Pasad por un kiosco, o librería. Comprad un cómic de Spiderman o Batman por ejemplo (Tened en cuenta las edades) Ya no hablo de diferenciar entre niño o niña, porque es una tremenda tontería. Mi hija mayor por ejemplo es muy fan del trabajo de Cels Piñol. Fanhunter. Aunque no lo entienda. Y de Martín Piñol y su serie de La cocina de los Monstruos.
Con el tiempo, ni imagináis lo bien que se lo pueden llegar a pasar en eventos como firmas de libros, o paseando por la librería mirando y buscando. Aquí un ejemplo. Mi hija mayor haciendo un regalo a Cels Piñol en Librería Gigamesh uno de nuestros rincones favoritos.


Si no podéis pasar por un sitio a comprar, pero tenéis un Ipad o un Reader, os recomiendo la APP Urki, más allá del bosque de Pixel Moon. Una App interactiva que gusta mucho a los críos y tiene grandes reseñas en el sector editorial.

No os dejéis los clásicos. Existen ediciones en letra grande y con buenas ilustraciones que harán grandes lectores de vuestros hijos.

La costumbre. Ese es el secreto. Que tu hijo o hija espere una tarde o dos al mes a que les traigas algo de lectura está muy bien. Pero compartir cada tarde con ellos leyendo e interpretando sus pensamientos nos ayuda a moldear sus mentes para que sean mejores.

No dejemos a nuestros hijos en manos de grandes compañías que venden a granel grandes cantidades de distracción. Seamos selectivos y constantes.

Yo te he dado las bases y no sólo es aplicable a la lectura. Se pueden hacer infinidad de cosas y actividades. ¿No sabes continuar? Pues tranquilo o tranquila. Que no se te haga un mundo. Hay profesionales como la copa de un pino que se dedican a facilitarnos las cosas.

En Los cuentos de Bastian encontraréis reseñas de libros por edades y actividades hechas a medida para las familias. Os recomiendo su portal web. Y si estáis faltos de fondos, no os preocupéis. Las bibliotecas tienen muchas ventajas, no sólo en contenidos si no a la hora de acudir a determinados eventos.

No me voy a extender más, así que lo dejo en vuestras manos. Yo me voy a poner a ello hoy mismo.

19 jul. 2012

Un mundo nuevo



El día en que el sistema se colapsó y dejó a la humanidad sumida en la más absoluta oscuridad, fue el día en que el hombre abrió los ojos y pudo ver la realidad.
Ya nunca miramos al cielo, dijo una vez un sabio. Se equivocaba. Miramos, pero no vemos nada. Sólo una oscuridad teñida de naranja. Una oscuridad resplandeciente y cegadora. Una paradoja. Así que preferimos seguir mirando nuestros ombligos y regocijarnos en nuestros logros personales y globales que aparentemente nada valen.
Aquel día se marcó una frontera mental y moral. O estabas con la humanidad o estabas en contra. O dejabas de mirarte como centro del universo, o seguías resistiéndote.
Los que quisieron seguir adelante con su pésima forma de vida, no duraron mucho. Algo en su interior los empujó al límite de su mentalidad. El día del colapso; cuando las luces del planeta cayeron, esa gente se vio empequeñecida. Como tendían a compararse con todo en lo más profundo de sus almas, se compararon con el universo que tenían ante sí y perdieron.
El resto lo vivimos de otra manera. Algo nos tocó el corazón y decidimos cambiar definitivamente. Para unos fue la inmensidad del cosmos. Para otros la grandeza de Dios. Para otros se trataba de la máxima expresión de la naturaleza. Pero para todos, en general fue el mayor espectáculo jamás visto por la humanidad de tiempos modernos. Y lloramos.
No sabíamos que nos deparaban los tiempos venideros. Pero ya no nos agobiaba la incertidumbre.
Teníamos la eternidad por delante para reconstruir el planeta. Tras contemplar en qué lo habíamos convertido, nuestro impulso fue trabajar duramente para hacer de este arruinado pedrusco que surcaba el espacio, un bello jardín. Una nueva Tierra bajo unos nuevos cielos.

Cuando tomes conciencia de tí mismo

Descubrir que todo lo que te ha guiado en tu vida ha sido una mentira, es muy duro. Es cierto. Pero esto no es una película de súper héroes. Es un pequeño resumen de mi vida basado en mis experiencias personales y en unos cuantos spots publicitarios. Os voy a explicar un poco por encima la sorpresa que me llevé el día que tomé conciencia de mi mismo cual Skynet un 29 de agosto de 1997.


Empecemos por un fin de año de 1984. Nos reunimos toda la familia en casa de unos tíos por parte de madre para ver el especial de Martes y 13.

Como aquello se alargaba, mi tío decidió amenizar la ocasión con un vhs de Queen. Todos los videos oficiales del álbum The Works.

Me puse delante de la tele viendo videos como Radio Ga ga y otros. Allí estaba Freddy con sus tirantes, posturitas y morritos a cámara. Veía aquel bigote, aquellas coreografías al son de la música rock del grupo. Algo duro.

Otro día viendo Loca academia de policía, mi padre empezó a reírse a carcajada limpia en la más que mítica escena del tango en La ostra azul. No entendía por qué lo hacía. Yo seguía viendo, ropas de cuero de tipo duro, gafas de aviador y barbas y bigotes. Todo muy varonil.

Luego en casa flipábamos con He-Man y los Master del universo (porque en mi época no se traducía Master, que molaba más) Ahí sí que veía algo extraño. El príncipe Adam, un tipo sin sangre, que escondía una evidente musculatura bajo una camiseta lila y que iba por los puestos con una espada, unas mallas blancas y un peinado ridículo. Pero si le tocabas las narices, decía aquello de:

“Por el poder de GreySkull. Yo tengo el poder”

Y entonces se transformaba en He-Man (Él-hombre). Un guerrero súper musculado que vestía un slip de pelo de animal salvaje por fuera y alquitrán por dentro, y unos tirantes cruzados metálicos. Todo un macho. Su mascota Gringer, se transformaba en Battlecat (Gatico de batalla) porque la radiación de la espada se transmitía al felino cuando Él-hombre le apuntaba.

Tenéis que entenderme. Porque alguno de vosotros ya sabéis por dónde van los tiros. Por aquel entonces yo tenía la inocencia de un niño de seis años, que no entendía nada. Chuck Norris (que se pronuncia Chak) era un símbolo y referente para los tipos duros, con todo ese pelo y barba y gafas de sol. Y Charles Bronson se paseaba por el Bronx con una cámara de fotos colgando del hombro y un mostacho increíble.

Entonces llegaron los 90. Yo había crecido un poco. Sólo unos centímetros. Y los tipos duros seguían siendo musculados. Arnold (Arnie), Silvester (Silvestre), Jan Claude (Juan Claudio) no tenían mostacho ni barba, pero lucían músculos y preciosas melenas.

Y el tipo duro por excelencia para mí, llegó a finales de los 90. Cantante de Heavy Metal, vestía con cuero y tachuelas de metal, y su música era muy, muy dura. Rob Halford. El cantante de Judas Priest. Calvo, subido a una Harley, con sus gafas de aviador y su ropa de cuero negra. Un tío duro.

Así quería ser yo.

Cierto día, un amigo llegó a casa como nervioso. Yo por aquel entonces cantaba en un grupo de adolescentes que intentaban hacer algo en la vida. Trajo una revista en la que salía este hombre, del cual yo intentaba cantar alguna de sus canciones y mi amigo me dio una noticia. Este hombre había salido del armario. Era Gay.

Entonces tuve una revelación. Me quedé mirando a la nada con cara de sorprendido. Todas las escenas que anteriormente os he descrito desde mi tierna infancia y otras más, se me aparecieron ante mis ojos como las diapositivas incómodas del típico familiar que ha ido a veranear a Bujarrilla del Bierzo. Pero a toda velocidad. Y dije:

-¡Ahora caigo!

Una enorme sonrisa se dibujó en mi cara de pasmarote cuando expliqué:

-¡¡¡Cuanto más avanzamos en el tiempo, menos pelo se necesita para parecer un tipo duro!!!

Y me rapé la cabeza. Por cierto. Aquel día era 29 de agosto de 1997. Es cierto. Por eso me lo tomo con humor. Y si no creéis esta teoría, mirad todas las pelis de La jungla de cristal. John McClane está cada vez más calvo, pero es cada vez más duro.

Paradoja

Para los amantes de la ciencia ficción, o de los microrrelatos. Os dejo el relato finalista en el Primer certamen de microrrelatos de ciencia ficción de la web editora Artgerust. Si os apetece comprar el libro hay unos 100 relatos más. Y está en formato electrónico. Para acceder podéis clicar sobre la portada del libro que hay en esta misma web.


Espero que os guste.
 
-En androide, ha recapacitado. Su procesador de inteligencia artificial, ha recalculado las opciones. Ha barajado infinidad de escenarios. Ha creado incluso un módulo de programación denominado Empatía 5.2. Ha desestimado subrutinas obsoletas. Ha planteado algoritmos de elevada complejidad. Ha establecido nexos de unión entre su mente privilegiada y la de los seres humanos que le rodean. En definitiva. Ha hecho todo lo posible por entender el comportamiento autodestructivo del hombre. No lo ha logrado, y se ha pegado un tiro en la cabeza con un arma de Gauss.


-¿Y usted sabe todo eso porque es técnico en robótica?

-No. Antes de dispararse me dio la brasa, con lágrimas artificiales en sus ojos.

-Pues, yo creo que si ha entendido eso de la autodestrucción. ¿Le hace un café?

-Por supuesto.


18 jul. 2012

Cuando te veas rodeado por una tribu urbana

La humanidad no aprende de sus errores. No se da cuenta de lo inútil que resulta resistirse. Pero se empecinan en crear nuevas formas de vida a cual más bizarra. Vivimos en un universo paralelo a otro en el que la vida es normal. A nosotros nos ha tocado el extraño. El bueno es el universo alternativo en el que la historia de la humanidad no ha sufrido cambios por errores humanos. Todo es perfecto. Se siguen haciendo pelis y series de chavalines jóvenes que viven ¡AVENTURAS!


Nosotros seremos los que dentro de unos años encontremos una fisura en el continuo espacio tiempo y pasemos a ese otro mundo perfecto y nos lo carguemos. En nuestro universo las pelis y series son de chavalines que sólo quieren triunfar en el mundo del espectáculo.

Pero esto no es lo peor. En los años 80, el universo de la moda y el estilo se vio seriamente afectado, cual nave Enterprise tras un ataque Romulano, por varios elementos decorativos. El pelo cardado, las riñoneras, las hombreras y la música de Luis Cobos. Sin mencionar otros.

Tras varios años y una guerra en el golfo Pérsico, la humanidad mantuvo su cordura estilística hasta entrar en el nuevo milenio. Donde todo derivó en lo que conocemos como tribus urbanas. Ahora llamadas forma de vida alternativa. En las que todo hijo de vecino se cree superior a sus congéneres.

Este es el caso de los modernos o modernillos.

Personas que visten cómo en los 70, conducen motos de los 60 y se dejan bigote al estilo de los 50. Ellos se hacen llamar modernos, cuando en realidad son algo retro. Yo diría que caducos o rancios.

El estereotipo más común de este tipo de personas, es el chico que viste con pantalón ceñido (claro ejemplo de que la humanidad no ha aprendido nada del falsete de los Bee Gees) camiseta con un logo de diseño extremadamente alternativo, americana (si puede ser a cuadros y con coderas mejor) mostachillo, gafas de pasta y peinado nazi.

Hablan de manera extraña, llamando a las cosas por su nombre en inglés, pero comunicándose entre ellos en castellano o cualquier otro idioma de los que hay en el territorio. Salvo el Euskera. Allí no existe este tipo de gentes. Es tradición que cuando nace un vasco, el doctor le de dos cachetes en el culo y una ostia en la cara para quitarle las tonterías ya de nacimiento.

No se estila mucho por aquí hacer eso de pegar a los hijos nada más nacer. Normalmente nos esperamos unos pocos meses, así que es normal que esta especie se reproduzca como por esporas. Quizás sea un virus. O algo que comemos. Pero cada vez hay más gente cool que habla de una manera crazy… eh. Esperad. Ahora.

Pues eso. La principal característica de esta gente es la rabia que dan. Transmiten un qué sé yo que incita a la violencia collejera más extrema. Así que ya sabéis. Si os encontráis un día en una fiesta rodeado de este nuevo modelo de zombis, y os entran unas ganas terribles de hacerles daño, hacedme caso. Tomáoslo con humor.

6 jul. 2012

Crónica de lo absurdo

Era un día aciago para Morti.


El sol de los primeros días de invierno entraba por la ventana y acariciaba su pálido rostro. Pero ella no quería levantarse.

El despertador empezó a zumbar y ella se cubrió la cabeza con el edredón. Segundos más tarde se destapó hasta la cintura y con su delgada mano palpó la mesita hasta encontrar el enorme pulsador que terminaría con aquel insufrible zumbido.

¿Cuánto había pasado ya? ¿Cuatro? ¿Cinco? ¿Seis? Había perdido la cuenta, pero eso no era lo que la deprimía.

Sentada en la cama, no había pegado ojo en toda la noche. De hecho, no solía dormir nada desde hacía años. Antes todo era diferente. Todo tenía sentido.

Salió de la habitación para entrar en la cocina y poner un par de rodajas de pan a tostar. Preparó una cafetera, y mientras cargaba el depósito con aquel oro marrón que no necesitaba pero que le dejaba un buen sabor de boca, sintió el tacto aterciopelado de su gato Goku, que ronroneaba mientras rozaba su lomo con las piernas de Morti.

Mientras se hacía el café, puso en marcha el portátil que tenía sobre la mesa del comedor. Había decorado ella personalmente todo el pisito. A su gusto. Con las normas que le dictaba su interior. Pero eso no hacía que aquel minimalismo austero a más no poder le animase.

Abrió el navegador y entró en su cuenta de Facebook. Nada. Nadie en su muro, nadie con quien hablar. En definitiva nada.

Tecleó: Sofá, peli y mantita.

Y luego clicó sobre la pestaña “Me gusta”.

La cafetera dio señales de vida y Morti se apresuró a apagar la inducción. Sacó la mermelada de Frambuesa de la nevera y junto con un poco de mantequilla la untó en las tostadas. Sacó del armario el bote de galletas con pepitas de chocolate por si se quedaba con hambre.

La habían retratado muchas veces de extremadamente delgada, pero no era por estar mal alimentada. Era algo genético o así. Pero Morti no perdía ninguna ocasión para ponerse morada a comer.

Dejó todo sobre la mesita que había junto al sofá, agarró el mando a distancia y encendió la televisión.

Nada más escucharse el chasquido que indicaba que el aparato se había encendido, los altavoces empezaron a sonar:

-Una explosión ha…- zap. Cambió de canal.

-La guerra ha desplazado a miles de…- zap. Cambió de canal.

-Miles de personas desaparecidas tras el…- zap. Cambió de canal.

Entonces, una película. Una bonita comedia romántica típica de los ingleses. Buen reparto, buen guión, demasiado azúcar administrado en los momentos adecuados y humor con situaciones que solo esa gente sabe entender.

Se tapó con la cálida colcha y disfrutó del film y de su desayuno. Pese a que ya era tarde. Y mientras se dedicaba a lo suyo, no paraba de darle vueltas a lo mismo.

-Todos me odian. Estoy sola-. Se decía a sí misma. –Antes todo era diferente. Antes predominaba la justicia.

Entonces, el único momento en años que estaba disfrutando más o menos agradablemente fue interrumpido por un corte en la programación.

-Lamentamos interrumpir pero consideramos que esta noticia es importante. Se están dando sucesos extraños en numerosas partes del mundo.

Morti puso mucha atención en lo que se decía el presentador.

-Nos llegan imágenes de un tiroteo en las calles de la capital de Brasil. Vean como el joven que porta el cuchillo en la mano es abatido por la policía. Ahora vean. El muchacho se levanta, se mira sorprendido y sigue su camino ante la sorprendida mirada de los que allí se encuentran-. Segundos más tarde las imágenes cambiaban.

-Miren ahora como salen del interior de la cafetería que había sido blanco de un ataque terrorista, las personas que allí estaban en el momento de la explosión.

Las imágenes eran claras. La gente no moría. No. No eran zombis de esos tan de moda últimamente. Simplemente no morían.

Morti entonces se animó un poco. Buenas noticias por lo visto.

Se sacudió la pereza y se acercó al portátil, por así llamarlo. La batería no daba para más y tenía que tenerlo siempre conectado a la corriente.

Entró de nuevo en su cuenta de Facebook y nada. Nada de nada. Las noticias de su inacción no le reportaban nada distinto a la soledad. Y ella misma se maldecía y maldecía al Diablo. Y se preguntaba:

-¿Cuánto ha pasado ya? ¿Cuatro? ¿Cinco? ¿Seis?- En realidad siete. Más de siete mil años desde que el Diablo influyese en Caín para matar a Abel. Más de siete mil años desde que Morti se convirtiese en la consecuencia lógica de los actos despiadados de las personas provocadas por el mismo Diablo. Y para un día que se tomaba un descanso, nadie se lo agradecía.

Aquel día fue señalado en los calendarios de todas las culturas. Pero al día siguiente, el despertador empezó a sonar, pero no había nadie en la habitación para detener aquel insufrible zumbido. Morti había salido a trabajar nada más empezar el día.