19 jul. 2012

Cuando tomes conciencia de tí mismo

Descubrir que todo lo que te ha guiado en tu vida ha sido una mentira, es muy duro. Es cierto. Pero esto no es una película de súper héroes. Es un pequeño resumen de mi vida basado en mis experiencias personales y en unos cuantos spots publicitarios. Os voy a explicar un poco por encima la sorpresa que me llevé el día que tomé conciencia de mi mismo cual Skynet un 29 de agosto de 1997.


Empecemos por un fin de año de 1984. Nos reunimos toda la familia en casa de unos tíos por parte de madre para ver el especial de Martes y 13.

Como aquello se alargaba, mi tío decidió amenizar la ocasión con un vhs de Queen. Todos los videos oficiales del álbum The Works.

Me puse delante de la tele viendo videos como Radio Ga ga y otros. Allí estaba Freddy con sus tirantes, posturitas y morritos a cámara. Veía aquel bigote, aquellas coreografías al son de la música rock del grupo. Algo duro.

Otro día viendo Loca academia de policía, mi padre empezó a reírse a carcajada limpia en la más que mítica escena del tango en La ostra azul. No entendía por qué lo hacía. Yo seguía viendo, ropas de cuero de tipo duro, gafas de aviador y barbas y bigotes. Todo muy varonil.

Luego en casa flipábamos con He-Man y los Master del universo (porque en mi época no se traducía Master, que molaba más) Ahí sí que veía algo extraño. El príncipe Adam, un tipo sin sangre, que escondía una evidente musculatura bajo una camiseta lila y que iba por los puestos con una espada, unas mallas blancas y un peinado ridículo. Pero si le tocabas las narices, decía aquello de:

“Por el poder de GreySkull. Yo tengo el poder”

Y entonces se transformaba en He-Man (Él-hombre). Un guerrero súper musculado que vestía un slip de pelo de animal salvaje por fuera y alquitrán por dentro, y unos tirantes cruzados metálicos. Todo un macho. Su mascota Gringer, se transformaba en Battlecat (Gatico de batalla) porque la radiación de la espada se transmitía al felino cuando Él-hombre le apuntaba.

Tenéis que entenderme. Porque alguno de vosotros ya sabéis por dónde van los tiros. Por aquel entonces yo tenía la inocencia de un niño de seis años, que no entendía nada. Chuck Norris (que se pronuncia Chak) era un símbolo y referente para los tipos duros, con todo ese pelo y barba y gafas de sol. Y Charles Bronson se paseaba por el Bronx con una cámara de fotos colgando del hombro y un mostacho increíble.

Entonces llegaron los 90. Yo había crecido un poco. Sólo unos centímetros. Y los tipos duros seguían siendo musculados. Arnold (Arnie), Silvester (Silvestre), Jan Claude (Juan Claudio) no tenían mostacho ni barba, pero lucían músculos y preciosas melenas.

Y el tipo duro por excelencia para mí, llegó a finales de los 90. Cantante de Heavy Metal, vestía con cuero y tachuelas de metal, y su música era muy, muy dura. Rob Halford. El cantante de Judas Priest. Calvo, subido a una Harley, con sus gafas de aviador y su ropa de cuero negra. Un tío duro.

Así quería ser yo.

Cierto día, un amigo llegó a casa como nervioso. Yo por aquel entonces cantaba en un grupo de adolescentes que intentaban hacer algo en la vida. Trajo una revista en la que salía este hombre, del cual yo intentaba cantar alguna de sus canciones y mi amigo me dio una noticia. Este hombre había salido del armario. Era Gay.

Entonces tuve una revelación. Me quedé mirando a la nada con cara de sorprendido. Todas las escenas que anteriormente os he descrito desde mi tierna infancia y otras más, se me aparecieron ante mis ojos como las diapositivas incómodas del típico familiar que ha ido a veranear a Bujarrilla del Bierzo. Pero a toda velocidad. Y dije:

-¡Ahora caigo!

Una enorme sonrisa se dibujó en mi cara de pasmarote cuando expliqué:

-¡¡¡Cuanto más avanzamos en el tiempo, menos pelo se necesita para parecer un tipo duro!!!

Y me rapé la cabeza. Por cierto. Aquel día era 29 de agosto de 1997. Es cierto. Por eso me lo tomo con humor. Y si no creéis esta teoría, mirad todas las pelis de La jungla de cristal. John McClane está cada vez más calvo, pero es cada vez más duro.

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