4 oct. 2012

El fatídico despertar del señor Steinhauser


Escribo estas líneas con la intención de librar de los espantosos horrores que he contemplado estos últimos días a aquel que las lea.


Cierto es que en muchas culturas y religiones se menciona el fin de este mundo tal y como lo conocemos. Pero lastimosamente, en el único lugar donde se menciona uno por uno los sucesos que deben acontecer antes de ese esperado y aborrecido final, es en los extraños textos encontrados en la excavación arqueológica de Vilaplana del Zarcillo. Un conjunto de extrañas planchas de metal extremadamente maleable de características similares, por no decir idénticas al estaño; fijadas a unos marcos de madera que a su vez se encuentran recubiertos o forrados de una especie de terciopelo rojo. En las que hay grabadas unas figuras amorfas y espantosas, acompañadas de textos horribles que narran el desenlace lógico de las consecuencias producidas por la decadencia de esta atrofiada humanidad. A esta recopilación de grabados, se lo ha denominado El verbario de Berraken. En honor a su descubridor. El profesor Amancio Berraken.

Pero no escribo esto para relatar el contenido de las mencionadas tablas, si no para explicar las espantosas visiones y nauseabundos encuentros que tuve los pasados días. Es mi intención proteger la capacidad mental de cualquiera que lea esto, ya que semejante espectáculo podría arruinar el alma de cualquier ser humano y conducirlo hasta la más extrema locura.

Pero antes de iniciar tal nauseabundas descripciones, considero necesario y justo mencionar ciertos aspectos de mi vida que quizás interese al lector.

Yo vivía como albañil allá por el 2006 en las proximidades de Barcelona. La burbuja inmobiliaria, que por aquel entonces se llamaba el chollo del ladrillo, me proporcionaba grandes sumas de dinero. No sólo a mí. Si no a infinidad de habitantes del país. Era costumbre por aquel entonces realizar una serie de formalismos sociológicos para encajar en aquella nueva y esperanzadora sociedad. Cualquier ciudadano que se preciase debía dedicar sus ingresos a tres cosas básicas. Adquirir una vivienda sobrevalorada con vistas a un terrorífico abismo de letras hipotecarias. Hacerse con un vehículo de media o alta gama y apuntarse a un gimnasio con la intención de desarrollar la musculatura más allá de los límites establecidos por la sociedad. Puestos a hacer ejercicio en el trabajo, ¿por qué no rematar el trabajo musculando junto a un grupo de fornidos conciudadanos? De paso, un bronceado en tiempos de oscuridad solar tampoco venía nada mal.

Hasta que cierto día sufrí un accidente que me postró en el camastro de un hospital en estado de coma profundo.

Desperté hace escasas semanas y tras una serie de ejercicios controlados por un fisioterapeuta de los mejores que mi dinero podía pagar, me dieron el alta días atrás. Fue cuando mi mente tuvo que realizar un titánico esfuerzo por no quedar anulada tras el pasar de los tiempos. Salí a la calle con la esperanza de encontrar mi próspera ciudad en plena ebullición y me encontré con el peor y más infernal de los espectáculos.

Al parecer aquella maravillosa burbuja se había pinchado poco después de quedar yo en coma. Cosa que había propiciado la proliferación de carteles de colores llamativos en las fachadas de los edificios. Las manifestaciones de todo tipo en contra de los cambios ejercidos por los distintos gobiernos que habían pasado ya desde me convalecencia, sembraban de caos y violencia las calles. Y lo que para mí capacidad mental fue el tal despreciable horror del que intento prevenir al lector.

Muchas de las personas que habían estado musculando durante la época de vacas gordas, ahora se encontraban sin poder permitirse pagar la mensualidad de un gimnasio. Las calles se llenaron entonces de criaturas extremadamente atrofiadas en busca de la tonificación que sus cuerpos precisaban. Se habían transformado en seres monstruosos, si es que alguna vez esas criaturas estuvieron dotadas de normalidad alguna.

Unos cuantos de ellos arrastraban sus musculaturas como si de las alforjas de una montura se tratasen. Eran como apéndices o tentáculos que colgaban de los cuerpos. Otros, cuyas pieles habían adquirido un blanco abisal, corrían de acá para allá en busca de los rayos solares que ahora no podían adquirir de manera artificial. Asustaban a las criaturas en los parques buscando la mejor posición para descubrir sus atrofiados y espantosos torsos. De hecho, ya corre por las escuelas de todo el país la leyenda urbana del temible y horrible Come soles. Algunos padres incluso lo usan de pretexto para amedrentar toda niñería. Han sustituido al obsoleto Hombre del Saco por el repugnante Come Soles.

Antes de correr a esconder mi débil persona en mi casa, donde he tenido que seguir la moda de colgar un cartel de color naranja en la ventana. Me encontré a una de estas horripilantes criaturas gritando en medio de la calle, con la mirada perdida y totalmente fuera de sí. Era similar a una bestia salvaje que buscara con desesperación algo que comer. Con la diferencia que esta solo buscaba levantar peso. Corría de un lado para otro buscando objetos que elevar con la intención de aumentar el volumen de sus extremadanamente abultados brazos. Una especie de capa oleosa recubría su piel y el tamaño de las venas que recorrían sus extremidades, hacían evidente que en el interior de aquel cuerpo antinatural, había más sangre de la que le correspondía a un ser humano normal. En un momento dado, se detuvo junto a una anciana que esperaba pacientemente a que el semáforo para peatones la autorizase a cruzar la calle. La criatura miraba con desesperación a la mujer. Resoplaba y jadeaba y al hacerlo todo su abultado y repulsivo cuerpo se movía. Le espetó palabras ininteligibles cerca del oído. Y esta le respondió golpeando su cabeza con el bastón en el que se apoyaba.

Pero estas no son las únicas criaturas extrañas que he encontrado al salir de mi letargo. Cada día recibo llamadas de criaturas espantosas que sueltan improperios y palabras amenazantes. Hablan un arcaico lenguaje que suena realmente vomitivo. Expulsan de sus bocas cosas rezumantes como “PAGAR” y realizan rituales ancestrales en sus sedes coreando cánticos en los que suenan de continuo las siguientes palabras: hipo teca, hipo teca, hipo teca. Hasta que el líder de la secta grita la palabra anteriormente pronunciada y que no repetiré para no herir más la sensibilidad del lector.

Si acabas de llegar a la ciudad y tienes la fortuna de que esta marea repugnante no se haya extendido por todo el planeta, escapa. Márchate de aquí. Protege tu ser de este espanto. Estás advertido.

Carlos Steinhauser

2 oct. 2012

Premios Manzana de Oro


Corren tiempos muy chungos para todos. También para la cultura. Y dos personas que hacen mucho por esta, son Eliott y Montse. Buenos reseñadores organizaron los 1os. premios Manzana de Oro. Yo presenté, (en un acto de enajenación mental) mi blog en la categoría de humor. Y la gente (en un acto aún peor de locura extrema) lo eligió como mejor en su categoría.


¿Porqué digo que aportan mucho al mundo de la cultura?

El mundo de la cultura, no está limitado a escritores y lectores (Voy a ceñirme a estos, pero aplicadlo a todos los campos del arte) Existen reseñadores, gestores culturales, editores y un montón de gente que aporta su granito de arena a que gente como yo pueda llegar a gente que tiene ganas de leer una buena historia, escuchar una buena canción ver una buena película o espectáculo teatral de cualquier tipo. Cosa que en mi caso se salta todas las leyes de la lógica. Ahora en serio. Estas iniciativas aportan mucho aunque a simple vista no lo parezca. Llama la atención sobre tu trabajo y aporta fluidez al movimiento de blogs culturales o no en este entramado cultural que hemos montado entre todos. Yo siempre pongo el ejemplo de Los Cuentos de Bastian y de su gestora Silvia Cartañá. Y ahora puedo mencionar a Eliott y a Montse que gracias a su iniciativa nuevos visitantes acudirán a este blog y a los suyos. Es rollo la simbiosis de la que hablan en La amenaza Fantasma.

Por otro lado siempre es un subidón para el ego creativo de un escritor, que se le reconozca el trabajo. Este premio me reafirma en la convicción que se me da mejor hacer reír que escribir. Pues es el tercer premio que recibo y curiosamente todos son por algo relacionado con el humor. Eso me marca las directrices para futuros trabajos.

Felicidades al resto de ganadores y felicidades a los organizadores.

Espero que el año que viene el premio haya crecido en nombre pues creo que esa es su misión y merecido.

Y recordad:

“Somos gente de humor. Siempre”

Fe de ratas:
No, no me he equivocado he puesto fe de ratas: la fe de ratas es la demostración evidente de realidades aunque estas no se contemplen. Pero de las ratas. Lo que sigue, no es una fe de erratas. Es un lo siento mucho de parte de un mete patas profesional.
Esta mañana he cambiado el nombre a Montse por el de Marta. Resulta que he leído un comentario de una lectora llamada Martha y luego un comentario de Montse y como sucede con las líneas de timofónica se me han cruzado en la cabeza. Sorry.