6 ene. 2013

Un poco de sinceridad

A la gente le cuesta entender lo que no puede ver. Absolutamente todos damos por sentadas realidades cotidianas, simplemente por el hecho de ver. Pero nunca pensamos. No seré yo quien diga que estamos obligados a hacerlo porque yo soy el primero que peca de falta de empatía. Y si uno desconoce las realidades ocultas tras capas de neuronas, masa encefálica y sentimientos de su semejante, es normal que nunca llegue a ponerse en su lugar. Es como mirar a una pared. ¿Qué vemos? Una pared. ¿Qué hay dentro? Damos por sentado que ladrillos, cal, cemento y quizás aislante en forma de poliuretano expandido. Pero… ¿Podría haber un nido de cucarachas? ¿Humedad? Quizás ¿el cadáver de algún soplón de la Mafia? Podría. Pero nuestros sentidos primarios nos dicen que no. Hay una pared. Construida como todas las paredes. Los problemas ajenos, son, en realidad, similares a las habilidades ajenas. ¿Quién no ha oído alguna vez un; tú esto lo escribes en un plis plas, o tú esto lo dibujas en un momento? Pues pasa igual con los problemas que la gente no concibe. Eso son tonterías. Dicen. Eso eres tú que te comes la cabeza tontamente. Razonan. Y su comentario se pierde entre una mirada compasiva y un gesto de desprecio. Y uno no puede dejar de preguntarse si no lo toman por tonto. Pero esta gente no sabe lo incómodo que resulta perder el control de tu mente y de tu carácter. No saben que es, que por tu cabeza circulen infinidad de ideas a un ritmo vertiginoso y no puedas extraer ni una sola de ellas. Como si un infranqueable muro de cristal se colocase entre tu interior y la realidad. A los nervios de ser consciente de ello se suma la impotencia. Y entonces pierdes el control ante cualquier cosa que te molesta. Explotas. Dices cosas que; no es que no quieras decir. Es que ni si quiera piensas. No eres tú. Tú sólo eres un mero espectador sentado en una butaca de primera fila en un universo paralelo. Entonces aparece la dispersión. Cualquier cosa que aparezca ante cualquiera de tus sentidos te distrae. Si estás leyendo, las palabras o la música en tu idioma hacen que te bloquees como cuando alguien está contando y uno se pone a decir números aleatorios a su lado con la intención de descontarle. Luego están las manías. Gracias a Dios, la madurez ha hecho que un exceso de diplomacia y un inmenso esfuerzo por vencer la peor de todas ellas, hagan que la invasión de mi espacio vital ya no sea tanto problema. Pero aún existe. Unos dicen que son depresiones. Otros que son ansiedades. Pero nadie le da mayor importancia de la que le da uno mismo. Entonces; por no tomar nada más duro, te haces infusiones de Valeriana Oficinalis. A la que odias más que nada en el mundo porque deja en tu armario un fuerte olor a pies de zombi. Sales a caminar, porque piensas que descargando adrenalina te sentirás mejor. Y en parte es cierto. Pero tu cabeza es un bullicio. No paran de salir ideas que no puedes anotar porque se mezclan entre el resto de ideas. Se pierden entre las calles escapando. Como si las persiguiese un Blade Runner. Otras las cazas y las apuntas. Pero pierden cualquier significado al pasar de los días. Y parecen pequeñas cajas llenas de frustración. Tampoco puedes hablar con nadie. Porque ya nadie quiere escucharte. Cada cual tiene sus propios problemas y es comprensible. Pero yo escucho e intento ayudar a otros porque creo que sé lo que se siente. Los detonantes pueden ser diferentes. De hecho. Yo desconozco cuál fue el mío. Pasan los años. Los que eran tus amigos ya no están. Te rodeas de un montón de gente muy buena. Una especie de segunda familia. Pero no estás lleno. Te falta algo. Retomas tus pensamientos de soledad y te das cuenta que a veces estás mejor solo. Ha pasado mucho tiempo en el que no has sido consciente de lo que te ha estado pasando y te has convertido en un cretino para muchos. Y con el tiempo llegas a comportarte como tal en muchas ocasiones. Un círculo cerrado difícil de romper ya que por mucho que hagas, siempre te sientes igual. Un ser vivo vacío. Una especie de sistema nervioso sin cuerpo. Un ente. Un algo que no quiere existir en este plano. Algo difícil. Una cosa. Descubres nuevos mundos. Te adaptas a ellos, pero no te completan porque los viejos mundos a los cuales te has hecho no son compatibles. Y aunque lo fueran tienes la sensación de que pase lo que pase te sentirías igual. Vacío. Seco. Tus allegados te intentan animar con palabras amables. Exaltando tus muchas actitudes. Pero no comprenden que esas actitudes no funcionan con todos. Y no son más que meras herramientas. Algo que se utiliza por conveniencia pero que no siempre tienes ganas. No sé. Quizás he sido siempre así. Quizás adquirí una tara. Quizás no vivo en el tiempo adecuado. Lo que es cierto es que pase lo que pase, la gente seguirá diciendo que eso son tonterías. Seguirán razonando: eso eres tú que te comes la cabeza tontamente. Y sus comentarios seguirán perdiéndose entre una mirada compasiva y un gesto de desprecio. Y uno no dejará de preguntarse si no lo toman por tonto. Aunque quizás tengan razón. Quizás sean tonterías y la celeridad a la que noto que va mi mente sean sólo comeduras de cabeza. Espero que con estas palabras entendáis el porqué de muchas cosas. No sé qué cosas, pero igual vosotros veis algo más clara mi persona. Un abrazo.

1 ene. 2013

Nos falta Rock & Roll

Lo que he de decir no tiene que ver con la política. Lo que pasa es que voy a hablar por la parte que nos toca a los catalanes (por costumbres, A.D.N o lo que queráis) pero es extrapolable a cualquier otra parte del planeta. A raíz de una conversación en Twitter de dos personas a las que tengo en alta estima, no solo por ser como son (siempre apoyando y ayudando en todo lo que pueden a gente como yo) si no por el trabajo que realizan. Empecé a comerme la cabeza. Dar un impulso a la cultura catalana no es difícil. Hay que ser vistosos y eficientes. Pero nosotros mismos nos frenamos. La cultura catalana tiene algo muy importante. Es eso tan nuestro llamado “Seny”. El “seny”, algo que desde el resto del territorio español se ha considerado sólo como “sentido común” es algo más que eso. Es ese sentido común pero en base a unos valores y normas sociales bastante tradicionales. Es una buenísima característica como motor de nuestra cultura, pero sólo si viene acompañada de otra de la que carecemos. Nos falta Rock & Roll en las venas. Mientras pensaba como escribir esta opinión, estaba yo escuchando Scorpions. Leches. Un grupo que ha triunfado en todo el planeta. Ha llevado su música a todas partes y en casi todos los países son conocidos. Rock americano en estado puro. Ah. Pues no. Son alemanes. Vaya. ¿Quién lo diría? Y cuando yo era pequeño y escuchaba Europe. ¿Qué eran yanquis? No. Suecos. ¿Y Astérix y Obélix? Franceses ¿El ánime y el Manga? Japoneses. No, de verdad. Parece que confundamos el éxito de un buen trabajo realizado con esfuerzo, con el triunfo efímero de estos productos en forma de persona que crean los programas de televisión. Deberíamos despertar de una vez y saltar bien fuerte. Tenemos una gran tradición emprendedora y hemos realizado grandes cosas, pero ese tradicionalismo rancio que veo ilustrado con el caliqueño, la barretina y la masia nos frenará de por vida. Está bien mantener las raíces culturales siempre y cuando no nos anclemos en ellas. Pasemos al siglo XXI de una vez con todo el equipo. Seguro que en la ecuación para el impulso de la cultura catalana me dejo datos y factores. Pero estas son las que creo esenciales: La eficiencia que aporta el seny, ya la tenemos y seguro que la podemos mejorar. Pero la vistosidad americana no la tenemos. No arrancamos con esa chulería nata que tienen los tíos del motocross, el rock & roll y los vaqueros. Con esto sólo quiero dar ánimos a todos aquellos que tengan proyectos en marcha. A los que no entendáis lo que he dicho. Sustituir las raíces y costumbres catalanas por las de vuestra región. Es exactamente lo mismo. Ánimo a todos.