7 mar. 2013

Sequía (Cap.1)

Antes de nada y sin que sirva de justificación, quisiera comentaros que lo he corregido lo mejor que he sabido. Me gustaría mucho terminar la novela y seguir todos los cauces editoriales hasta su publicación. Pero seamos sinceros. Se ha puesto de moda escribir como medio para sortear la crisis. Por otro lado la libertad de algunas plataformas de publicación sin filtro alguno, fomentan la proliferación de pésimas obras. Yo no quiero engañar a nadie. No tengo pasta para autoeditar. Esto es de lo mejor que sé escribir. Si no gusta la historia lo lamento, pero no has tenido que pagar por ella. Si te ha gustado, eso que te llevas.
Sólo pido que seas lo más sincero posible en la crítica. Gracias.

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La noche cerrada y sin luna auspiciaba una retransmisión, cuanto menos asombrosa del mayor espectáculo jamás emitido hasta la fecha. El logro científico del milenio dejado a la humanidad por el eminente doctor Moriei Yamashita. Un complejo industrial de alta tecnología y mayor seguridad. Y lo más importante su contenido. El ser humano más importante de todos los tiempos para los ciudadanos de un mundo en decadencia.
Aerocópteros de las principales cadenas de televisión del mundo, iluminaban la blanca fachada que destacaba sobre la prácticamente desierta zona en la que se encontraba.

No tardaron en llegar otras aeronaves del departamento de seguridad, con la intención de controlar a las masas que empezaban a congregarse en torno al complejo.

Estos eran similares a coches patrulla pero en lugar de tener ruedas, contaban con cuatro motores de impulsos electromagnéticos para levantarlos del suelo y un rotor con una hélice movible a modo de timón colocada en el centro de la aeronave. De manera que se mantenían separados a los presos de los pilotos.

La gente se cuidaba mucho de colocarse debajo de uno de esos motores de impulsos. Había corrido el rumor que generaban tumores y otro tipo de dolencias, y los actuales cuerpos de seguridad se aprovechaban de eso para ahorrarse el consumo de balas de goma, chorros de lubricante y descargas eléctricas cuando tenían que dispersar algún tipo de concentración.

Iniciaron rondas a unos diez metros del vallado de seguridad para evitar que la gente se acercase. Muchos lo vieron como una nueva muestra de represión, pero en realidad era cuestión de seguridad. El proyecto había sido aprobado por los anteriores gobiernos y se habían invertido inmensas cantidades de dinero en construir una nave completamente automatizada y completamente inexpugnable. Cualquiera que intentaba saltar la valla moría abrasado por corrientes de alta intensidad generadas por un reactor nuclear propio. En caso de que se saltasen esa seguridad, seis centinelas C31 de la empresa de seguridad y robótica Arkan, descargarían todo un arsenal sobre los invasores. Y en caso de que se intentase acceder utilizando cualquier otro método, la nave estaba dotada de misiles antiaéreos y antitanques, junto con un sinfín de lindezas similares. Los intereses de la humanidad estaban por encima de los intereses de los gobiernos de los países que para el año 2063 eran en su mayoría grandes corporaciones.

Otro aerocóptero, esta vez negro y del tamaño de una limousine, llegó a las inmediaciones y permaneció parado ante la puerta principal exterior del recinto, junto a la que se había colocado un gran escenario que permanecía a oscuras.

La zona, que hasta el momento sólo estaba siendo iluminada por las aeronaves y las linternas de algunos de los asistentes al evento, se inundó de luz y sonido justo en el momento en el que los presentadores del programa especial; El despertar (que la cadena estatal había organizado para tal ocasión) salían al escenario.

Empezaron la música, los grupos coreográficos, números musicales y otros muchos espectáculos que mantendrían entretenidas a las masas durante horas y que daría que hablar durante los próximos meses distrayendo la atención de asuntos más importantes.

-¡Bienvenidos al Despertar!- dijo con tono de orgullosa patriota la presentadora. Esbelta y morena, tanto de piel como de cabello, vestía una singular falda de tubo negra y una blusa blanca que dejaba ver más bien poco. Junto a ella, apareció la estrella del momento. El showman Jean Deschamps. Con un estrambótico peinado, su cabello teñido de rubio platino se elevaba por encima de la joven presentadora unos tres palmos. Jean no dejaba de moverse de un lado a otro del escenario saludando a los drones equipados con cámaras que volaban a su alrededor e intentando animar a las multitudes que se iban aglomerando en torno al escenario. En un momento dado, las angulosas facciones del presentador se detuvieron ante una de las cámaras que revoloteaban sobre la plataforma.

-Ha llegado el día que tanto estábamos esperando. Cincuenta años de misterio se resolverán durante las próximas semanas, y comenzaremos esta misma noche-. Giró su rostro en dirección a su compañera, la cual continuó.

-En unas horas, sabremos qué hay en el interior de este recinto de alta seguridad. Pero antes…- La joven extendió los brazos en cruz y a cada lado del escenario se encendieron sendas pantallas gigantes. En ellas apareció el logotipo gubernamental. La típica imagen en forma de águila extendiendo sus alas. De color gris con los bordes negros sobre una franja roja vertical.

Una voz con aire marcial se empezó a escuchar por los altavoces junto con una marcha militar.

-Los instigadores de las revueltas de Madrid, han sido juzgados. La condena, como es normal en estos casos, es la pena de muerte-. El logotipo desapareció de las pantallas dando paso a unas imágenes en las que aparecía un muro de hormigón con cuatro manchas oscuras separadas más o menos por el mismo espacio y que se suponían de sangre de anteriores fusilamientos.

La voz volvió a tronar en el ambiente.

-Estos son los condenados. Por instigar a otros a realizar una revuelta ciudadana en la que fueron asaltados numerosos centros de aprovisionamiento civil, el condenado; Kurala Wenbazi se enfrenta a la pena capital-. En ese momento aparecía en pantalla un joven de no más de veinte años, desgreñado y con cara de terror.

Entonces un guardia lo apartó de delante de la cámara y lo condujo al lugar donde se hallaba la primera mancha en el muro.

-Por planificar, asaltar e instigar a otros a hacer lo mismo, el condenado; Pedro Arguil se enfrenta a la pena capital-. Ante la cámara colocaron a un hombre de unos cincuenta años con el pelo largo y una barba muy poblada. Su porte y su semblante serio indicaban que era un hombre combativo y que despreciaba a sus captores. En sus ojos podía verse el calor de un alma guerrera. Si en ese mismo instante llega a caerle en las manos un arma, la emisión se habría interrumpido y algo serio habría pasado en aquel lugar.

De nuevo la voz tronó por la megafonía.

-Por atacar a dos miembros de los cuerpos de seguridad, el condenado; Felipe Bertoni se enfrenta a la pena capital-. En ese mismo instante un par de agentes intentaban colocar ante la cámara a un tipo alto y delgado que se resistía estirándose cuanto podía para atrás gritando voz en cuello que lo había hecho para defender a un inocente. Entonces, mientras uno de los dos agentes le golpeaba con una defensa, el otro le sostenía la cabeza con la intención de colocar su rostro mirando a la cámara. Sus ojos se movían de un lado a otro y su cara denotaba más que pánico, terror. Segundos después lo conducían a su lugar en el paredón.

-Por ayudar a los instigadores y a otros autores de actos delictivos contra los intereses de la ciudad, la condenada Marisa Regüello se enfrenta a la pena capital-. Una joven de pelo largo, rizado y castaño, aparecía ante la cámara con un semblante oscuro y tranquilo. Parecía que la cosa no iba con ella. La condujeron hasta su lugar y una vez allí, la voz rompió el monótono murmullo de personas que seguían acercándose al escenario.

-Todos los gastos derivados de este proceso, incluyendo el material utilizado para la ejecución, y el coste de las horas de los agentes que participan de ella, les serán facturados a sus parientes más cercanos. Procedan-. La cámara enfocó a los cuatro condenados en un plano abierto. Luego, la imagen fue sustituida por el logotipo del gobierno. Los altavoces emitieron el sonido de los disparos y segundos más tarde sonó de nuevo la música del espectáculo. Apareciendo en el escenario una coreografía de bailarines vestidos de traje y corbata.

En las pantallas se emitían ahora las imágenes grabadas por los aerocópteros que sobrevolaban la zona con sus potentes focos.

La voz del showman irrumpió en la escena.

-En unos minutos dará comienzo la cuenta atrás. Pero antes y para todos aquellos que no conozcan el significado del Despertar, unas palabras del Jefe de Operaciones de la Junta del Estado Mayor-. Aún no había terminado la frase cuando un militar de alto rango cruzaba el escenario con paso decidido. En realidad estaba todo completamente coordinado hasta el milisegundo. La cuenta atrás se iniciaría sola y era importante tener controlado todo cuanto sucediera antes.

El impoluto militar se colocó ante un atril. Bebió un poco de agua y colocándose el puño ante la boca carraspeó un par de veces. Luego colocó una mano a cada lado del atril agarrándolo con fuerza y empezó a discursar.

-El día de hoy marcará un punto de inflexión en nuestra historia. Hoy es el día escogido por el eminente Dr. Yamashita, que en un intento de mejorar nuestro mundo realizó este experimento-. La multitud empezó a aplaudir.

-Alex Krooner despertará en unos minutos de un sueño de cincuenta años, siendo la primera persona mantenida en crioestasis. El señor Krooner también ostentará el record de ser el humano más longevo confirmado de la historia, pero esa ostentación no será realidad hasta dentro de unos años-. De nuevo aplausos.

-En el año 2013, al señor Krooner se le diagnosticó una enfermedad poco conocida que ponía en peligro su vida y potencialmente la de otros. La cura para esta enfermedad se descubrió en el año 2036 y se consiguió sanar al paciente. Por desgracia un par de años después, cuando estalló la guerra, el Dr. Yamashita llegó a un acuerdo con los gobiernos de aquel entonces para blindar el complejo. A cambio compartiría su tecnología de crioestasis para viajes espaciales. Se programó el despertar para exactamente dentro de…- Las inmensas pantallas colocadas a ambos lados de la entrada principal se iluminaron de nuevo con el logotipo imperialista y los altavoces emitían una música de ambiente que evocaba a la tensión de los programas de la primera década del nuevo milenio, cuando se puso de moda aquello de dar la respuesta correcta después de la publicidad.

Segundos más tarde se iniciaba una cuenta atrás que coreaban al unísono los dos presentadores, los bailarines y la gente que había acudido en masa a ver el espectáculo.

Diez, nueve, ocho. Se encendieron entonces unos potentes focos en el interior del complejo. En la entrada esperaba el aerocóptero en forma de limousina del que bajó un joven con una maleta de grandes dimensiones que colocó en el suelo. La abrió y del interior sacó un par de guantes que se puso. Después de ponerse en pie, levantó los brazos con las manos abiertas y las palmas mirando para arriba. Automáticamente salieron de la maleta ocho drones parecidos a los que volaban por el escenario pero más sofisticados. El joven se colocó delante del vehículo cuyas luces le iluminaban la espalda. El militar que acababa de discursar, bajó los escalones del escenario, se detuvo ante un pequeño lector de seguridad que había junto a la entrada del complejo, acercó el rostro al visor de retinas y tras escuchar un leve bip electrónico se introdujo en el vehículo de cristales tintados recogiendo a su vez la maleta que el joven había dejado en el suelo.

Las puertas del complejo se abrieron. El muchacho con los drones empezó a caminar lentamente sintiéndose observado por la ingente cantidad de cámaras de seguridad instaladas. Las cámaras del exterior fueron testigos de cómo el joven y el vehículo se perdían por la explanada situada en la parte delantera del complejo.

Unos metros más allá, el muchacho extendió los brazos y los drones salieron en todas direcciones emitiendo una señal que reproducía un mapa detallado en alguna parte.