27 may. 2013

Una historia de vampiros

Dejad que os cuente una historia de vampiros.
Aquí no leeréis nada romántico ni épico sobre la vida de los vampiros. No percibiréis en estas líneas nada excitante ni atrayente sobre esos a los que llaman inmortales.
Esta es la única historia real de vampiros. La cruda realidad. La historia jamás contada sobre el final de esta especie que tanto ha atraído a millones de personas.
Allá por el año 1978 nació el último descendiente del legendario Conde Drácula. Lazlo Blad Drácula. Fue un momento muy deseado por sus padres. El niño nació sano. Bueno. Todo lo sano que puede estar esta paradójica especie de no muertos inmortales. Todo fue normal durante treinta y cinco años.
 Por aquel entonces el yayo; como cariñosamente le llamaba nuestro protagonista, la había espichado una noche de cena en la costa mediterránea. Unas gambas al ajillo tuvieron la culpa. Ya veis. La humanidad buscando dar muerte durante siglos a su enemigo más sanguinario (literalmente) y al final el tío se muere por un error. Bueno. En realidad se trató de un cúmulo de catastróficas desdichas. Debido al ajo el Conde entró en shock anafiláctico. Un hombre que pasaba por delante de la terracita y lo vio, lo tumbó en el suelo y empezó a hacerle el boca a boca. Pero cada vez que se agachaba una pequeña cruz que tenía a modo de colgante, entraba en contacto con el vampiro provocándole graves quemaduras. A todo esto que la ambulancia se retrasaba por culpa de los recortes sanitarios y terminó amaneciendo sobre el hominis nocturna. Así que irremediablemente el famoso inmortal terminó muriendo.
Pero claro. La maldición de todos los vampiros no terminaba porque el último descendiente; nuestro querido Lazlo, seguía con vida.
Bueno. Con el tiempo, Lazlo empezó a sentirse mal al comer ciertos yogures con bífidus sanguíneos. Se sentía mal. Le entraban gases y de vez en cuando pasaba largos espacios de tiempo sentado en el baño. Porque sí. Los vampiros van al baño. Como todo ser humano. Después de los yogures, vinieron los derivados de la sangre, como el plasma. Así que decidió ir a ver a su médico particular. El Dr. Van Helsing.
Los resultados de los análisis de sangre fueron contundentes y lamentables. Durante los últimos años los vampiros habían estado consumiendo sangre procesada en varios formatos. Lo que vulgarmente se conoce como comida de laboratorio. Esto hizo que con los años algunos de estos “inmortales” desarrollasen una intolerancia a algunos componentes de la sangre procesada y al haber dejado la sangre natural durante decenios, esta ya no les sentaba nada bien.
En cierta ocasión en la cual se hizo una reunión importante con los principales representantes de las familias vampiras (que así escrito es como muy peliculero) se sirvió sangre de toro de primerísima calidad y a nuestro protagonista empezaron a acumulársele gases en el bajo vientre. Como la reunión se alargaba y no podía soltarse a gusto en ninguna parte, terminó por reventar ostentosamente en medio de la pista de baile aniquilando a todos cuanto allí había y poniendo fin a la especie vampírica.
Y esta es la historia de la extinción. Esos seres vacilones que decían que no podían morir y que sin embargo eran alérgicos o intolerantes a casi todo.
Se desnaturalizaron con toda esa comida científica hasta que no quedó nada de ellos.

Que os sirva de lección.