14 jul. 2013

Vinieron del pasado (Un día de furia un día de playa)

Una parte o la totalidad de este relato es cierta. El resto o su totalidad, no es verdad, es totalmente falso y además es mentira. Vosotros diréis.
Un año más mi mujer y yo nos vamos a pasar el día a la playa. Es una especie de tradición. Un día de verano dedicado a nosotros mismo. Sin niñas. Un día de intimidad. Lo que llaman irse de novios.
Un año más vivimos aventuras que sólo yo y los míos podemos vivir. Nada más aterrizar en una de las playas de Tossa, aparece en escena una familia que parece salida de finales de los años cuarenta.
Bañadores negros, sombreros de paja, sombrilla a cuadros con el logotipo de la falange bordado; seguramente por una de las mujeres de riguroso luto estival. Bajo esta y colgando del mástil, un crucifijo y un retrato en miniatura de Franco.
El conjunto familiar lo forman un señor de unos sesenta y pico. Pelo cano y bigote reglamentario del Manual de Uso y Práctica de Dictadores, Hipsters y Administradores de fincas. Un joven de veinte años repeinado de nombre Benjamín y tres señoras que superan la cincuentena de años y de toneladas.
Llegan quejándose, murmurando cosas y con cara de asco. Tras aplicarse un protector solar tricapa con un kit para enmasillar paredes, se colocan un rato bajo la sombrilla. Una de ellas se santigua al ver que junto a ellos se ha sentado un africano que trabaja en el camping que hay pegado a la playa.
Las tres mujeres entran en el agua. Veinte minutos más tarde se escucha en una radio cercana que un tsunami ha sepultado Mahón, Cerdeña y ha barrido la costa de Argelia.
Intentan salir del mar. Una de ellas embarranca. En poco tiempo un grupo de bañistas se organiza para remojarla de vez en cuando. Ya se sabe. Las altas temperaturas de Julio y un bañador antibalas negro, son una peligrosa combinación. Finalmente, una embarcación turística lanza un cabo y la remolca de nuevo al mar. Finalmente logra salir con su propio pie. Pero se le perdona, porque es algo que nos sucede a todos en la Costa Brava. Nadie logra salir del mar con dignidad. Nadie.
Al hombre del bigote se le antoja un refrigerio:
-Una gaseosa o una Mirinda si es posible.
Dos de las mujeres se discuten por ir a buscar la complacencia del hombre. Durante el forcejeo se oscurece el cielo, y se escuchan truenos y un coro de voces canta una canción medieval que suena apocalíptica.
Finalmente, una chica en bikini pasa junto a ellos. El joven la mira con el rabillo del ojo. Una de las mujeres lo tumba boca arriba en el suelo poniéndole una mano en la frente y gritando “Sal de su cuerpo demonio”. Tras el espectáculo decide irse a comer. Pero antes, nos lanzan una mirada de odio profundo.
El resto de la tarde lo pasamos bien. En calma. Tranquilos.

Ahora decidme que parte es cierta y que parte no lo es.